El postre

Resulta tímido cuando abre la puerta pero luego de ponerse mínimamente cómodo, termina confesándote todo.

Se sienta a la mesa con el pudor de quien no merece visitarte, pero con el correr de los minutos se vuelvo osado, ordinario y un tanto desesperado…

Parece fuerte y decidido pero es el más débil e inseguro de todos.

Si no le contestás como él desea, trata de seducirte a balbuceos, de forma estúpidamente ridícula, intentando convencerte de que es la mejor opción para esa cena tardía.

Es el único que se saltea la entrada y el primer plato, y pide directamente el postre.

No tiene tacto, habla mucho y se arrepiente rápido.

Al despedirse, cierra la puerta dejando atrás su honorabilidad, decoro y amor propio.

Y ahí va, a trampolinear en la pileta más seca de todas…


El mensaje de las 4 de la mañana.

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