Valdrá la pena

Tirado en el sillón de mi casa, sobrepasado por la vida, con unos cuantos tintos encima y con la ropa de trabajo deshecha por la transpiración invernal, un amigo cercano me pedía consejo sobre cómo superar el mal trago que estaba atravesando.

Repasé el historial de películas románticas y libros de autoayuda y recordé una frase que aunque trillada y empalagosa, efectiva:

I’m not telling you it’s going to be easy. 
I’m telling you it’s going to be worth it.
No te estoy diciendo que va a ser fácil. Te estoy diciendo que va a valer la pena.

Y ahí estaba la respuesta a todos los males de la vida en dos simples oraciones. Pensé por qué nunca le había dado la importancia que merecía semejante postulado y acto seguido, en un intento desesperado de consuelo, lo reproduje frente a los ojos agobiados que me observaban.

Mi amigo pidió que se lo desarrollara un poco más –con justa razón- teniendo en cuenta el estado desahuciado en el que se hallaba.

“Significa que vas a llorar mucho”, me apresuré a decirle mientras le palmeaba la espalda.

“Sí… Y vas a pasar noches retorciéndote en la cama preguntándote por qué las cosas no son de otra manera. Te va a doler el pecho de querer, la cabeza de pensar y las piernas de intentar mantenerte en pie.

Vas a extrañar como nunca extrañaste a nada ni a nadie, infiriendo que quizás tomaste el camino errado. ¡Eso mismo! vas a llegar a convencerte de que el camino que tomaste es el equivocado y cuando estés a punto de patear las paredes con la furia del que no tiene más salida, vamos a aparecer los amigos, para recordarte por qué tomaste las decisiones que tomaste.

Te voy a obligar a que te hagas cargo de que lo elegiste. Me voy a pasar horas anticipándote finales apocalípticos sobre “lo que hubiese pasado si…” y te voy a insultar cada vez que trates de escaparte al recuerdo remoto.

Y solo ahí, al final del cuento, cuando tu mirada deje de ser chata y cortoplacista, vas a ver cómo se materializa todo ese esfuerzo aparentemente inútil. Vas a agradecerme a mí y a todos los que te acompañaron… pero lo más importante de todo: vas a agradecerte a vos por haber superado ese problema aparentemente irresoluble que te quitaba el sueño”

No sé si lo aconsejé como correspondía, pero se fue mínimamente esperanzado. El problema recién empezaba, ya que la parte “no te digo que va a ser fácil” comenzaba a asomar…

*  *  *

Hoy, varios meses después de aquella noche, no hace falta escucharlo para darse cuenta: tiene el “valió la pena” tatuado en la frente.

Y no sabés lo lindo que le queda...



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