Salí a correr

Dejá todo lo que estás haciendo y salí a correr de noche.

Dejá los expedientes y las hojas de cálculo. Olvidate de los apuntes, la agenda y el control remoto. Salí a correr. Como esas bestias babosas del National Geographic. Corré en HD y en slow motion, bamboleando la celulitis como trofeo de guerra perdida.

Salí a correr.

Que nadie te frene. Ni el jefe despótico, ni la portera chismosa. Corré por tu actual, por tu ex y por tu amante. Corré por el que te ganó el ascenso y por el que te puteó en la calle. Corré por todos los que te fumaste en esta acaramelada rutina de lunes.

Corré bien rápido. Elevá los pies del suelo. Ganale a Forrest Gump y a Usain Bolt. Ganale al motochorro que te pide la mochila y al sátiro de la esquina que quiere acariciarte la entrepierna.  

Salí a correr.

Y llevá música. Esa que te hace llorar. Sí, dije bien. La que te hace llorar.

Y corré llorando. No hay nada más bonito –me encanta la palabra bonito- que correr llorando. Y chuparte las lágrimas y tragarte los mocos, y dejar que el viento te seque los párpados.  

Subí la música. Más fuerte. Que silencie los problemas. Que no se escuchen.

Y si está diluviando, que la lluvia te golpée la cara; que te la desfigure. Poné a bailar cumbia a los manteles de los restaurantes con una ráfaga certera. Sentí el sudor de las ideas corriendo por tu espalda. Descargá la angustia y la ira, toda junta. Arrojá los miedos sobre el primer charco con el que tropieces. Y seguí corriendo.

Ahora frená un segundo.

Sentate en un banco de plaza con los pulmones húmedos y el corazón agitado, y ahí, contá las estrellas. Todas las que te permitan ver esos bloques de cemento que todo lo tapan. Y una vez que las hayas contado, volvé a correr.

Atravesá la ciudad como una chita en celo.  

Corré de noche, porque ahí nadie te encuentra. Corré mientras todos duermen. Corré de madrugada. Corré a orillas de un río o atravesando un campo.

Solo vos. Tu alma. Los auriculares. Y el short agujereado. 

Sacate la remera. Desnudate. Y acariciá tu pelo con la yema de los dedos. Experimentá el placer de rebotar sobre el césped y sobre el empedrado. 

Hacé tu descarga diaria corriendo. Que sea tuya. Pura. Sincera. Liberadora.

Salí a correr,

porque aunque dicen que la procesión va por dentro,

yo estoy seguro que hay que sacarla afuera.

2 comentarios:

  1. Tengo que decirte que hace unos meses te empecé a leer y cuando lo hice me obsesione con tu forma de escribir y admito que cuando puedo paso para ver si has escrito algo nuevo, felicidades escribes muy lindo y me identifico demasiado en algunas ocasiones y esta no es la excepción, nada más lindo que correr de noche, mis mejores deseos…

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