Línea D


No es sano observarte disimuladamente, que me devuelvas la mirada y querer patear todos los vagones de la línea D hasta que el hematoma sea lo suficientemente grande como para animarme a invitarte a salir.

¿Por qué no nos pasamos todos los números y nos dejamos de histeriquear de una vez por todas? Arrebatame los auriculares y bajémonos en Scalabrini Ortiz, o en Ministro Carranza. Sé mi punga, afaname la billetera y patinate todos mis petrodólares en una cena de viernes. Hagamos Catedral-Congreso unas 20 veces jugando al Scrabble sobre tu entrepierna. Dejá de leer la biografía de Lanata y déjame hacerte 30 puntos a mi manera. Se me hace Agüero la boca, me quedo Callao y te hago el Juramento de no hacer estas rimas pelotudas cuando vayamos a tomar nuestra primera cerveza.

Pero no lo hacemos.

Y yo sigo desnudándote en mi inconsciente, mientras tarareo el último tema de moda. Suena el “tuuu” nefasto. Ese que cierra la puerta. Vos bajás y yo sigo. Y te pierdo. Para siempre.  

2 comentarios:

  1. Amor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  2. A veces solo alcanza con una mirada y eso es lo que importa aunque no termine pasando nada.. esa es la magia del subte.

    Línea A en mi caso ;)

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