Nombres nefastos

¿Cuándo se produce la perversa sinápsis en la que un par de padres inconscientes deciden rotular a su futuro hijo con un alias tan desdichado?

“Pongámosle Tabatha
“Excelente idea mi amor… ¡Y a la próxima Geraldine!”

Eso no es sólo atentar contra el buen gusto, eso es ser un progenitor vil que poco piensa en la satisfacción de su sucesor. 

Flavio va a tener que mostrar su documento con la cabeza a gachas; Morena va a ser señalada en cuanto tema latino se baile; Nieves sufrirá la tomada de lista durante toda su vida escolar, Walter será aniquilado con algún sobrenombre camuflador y Brisa… Bueno, el sufrimiento de Brisa será casi inigualable al de los anteriores.

Pero no todo es mérito de los padres, muchas veces las personalidades públicas terminan apuñalando las denominaciones más comunes. Y así, Wanda será Nara toda la vida; Zulma será Lobato; Román Riquelme; Ivonne la de Bandana; Nazarena Velez y la más funesta de todas… Guido-Sü será casi una asociación inconsciente.

¿Para qué le ponés Solange, Nicole, Jaqueline, Abigail o Ximena si no pretendés que sea vedette?, ¿Por qué elegís Gianluca, Dylan, Xavier, Merlín Atahualpa o Lizardo si no sabés si te va a salir tan snob como lo planeaste?, ¿Por qué Celeste, Rosa, Azul, Violeta y Blanca sin no pretenden polvorear un arcoiris?, ¿Por qué Ailén, Nehuén, Pehuén, Mailén o Keilén si no van a pasearse en taparrabos por algún baldío sureño?,¿Por qué Priscila?, ¿Por qué Uriel?, ¿POR QUÉ LUDMILA? ¿¡POR QUÉEEEEEEEE?!

Claro está que el nombre no tiene nada que ver con la persona. Puede que Nancy sea una excelente mujer y que Leonardo resulte un tipo encantador. Seguramente Alan es el esposo ideal, Anahí una dama con códigos, Ariel un trabajador excepcional y Vanesa una verdadera duquesa. Pero fueron condenados al nacer, tal vez por las modas, tal vez por los padres precipitados o simplemente por el antojo arbitrario de algún desalmado.

Hablemos de Abril… o de Jonathan. Planteémonos seriamente un Leandro, una Luz Marina, un Alexis, una Natacha o un Christian con h. Fracasaste como trola si no te llamás Pamela. Fracasaste como tumbero si no te pusieron Leonel.

Samanta “toda la noche se la aguanta”, Débora “me el trozo”, Arturo “sorete duro” y Armando “sorete blando”, acá y en la China. Así que pensalo dos veces como mínimo antes de crucificarlos de por vida.

Bastián no es canchero, Nadine no es excéntrico; Braian hiere los oídos y Paola los destruye por completo. Melani no tiene sentido si no pretendés convertirla en estrella infantil latina.

Sólo me resta hacer un humilde llamado a la solidaridad:

Estimados padres,
Cuando elijan un nombre, no levanten la cabeza al horizonte y divaguen en etiquetas desagradables. Es preferible un Pedro. O una Julieta.
Desde ya, muchas gracias,

Tatiana
Gianfranco
Gisela
Melina
Maximiliano
Emilce
y
Bianca

(Y por si te preocupa, Bianca todavía no puede entender por qué le pusieron nombre de casa de almohadones, persona cruel)


La nada misma


Tiene buenas gomas.
Está bien groso.
Ropa de marca.
Los Alpes de fondo.
O alguna ciudad europea.
Ojazos.
Sonrisa encandila.
Black and White.
Trajeado.
Está en alguna salina norteña.
Mira al horizonte.
Escote prominente.
Familia perfecta.
VIP.
Se reconoce hipster.
Está nevando.
Salta en la playa.
Tiene un trago bananero.
Lejos de Las Toninas, cerca de Playa del Carmen.
Sus amigos son perfectos.
Bungee jumping.
Su novia está bárbara.
Y él tiene los pelos al viento.
Salvaje.

Pero no es nada de eso.
Nada.

Solo es su foto de perfil de Facebook.

Línea D


No es sano observarte disimuladamente, que me devuelvas la mirada y querer patear todos los vagones de la línea D hasta que el hematoma sea lo suficientemente grande como para animarme a invitarte a salir.

¿Por qué no nos pasamos todos los números y nos dejamos de histeriquear de una vez por todas? Arrebatame los auriculares y bajémonos en Scalabrini Ortiz, o en Ministro Carranza. Sé mi punga, afaname la billetera y patinate todos mis petrodólares en una cena de viernes. Hagamos Catedral-Congreso unas 20 veces jugando al Scrabble sobre tu entrepierna. Dejá de leer la biografía de Lanata y déjame hacerte 30 puntos a mi manera. Se me hace Agüero la boca, me quedo Callao y te hago el Juramento de no hacer estas rimas pelotudas cuando vayamos a tomar nuestra primera cerveza.

Pero no lo hacemos.

Y yo sigo desnudándote en mi inconsciente, mientras tarareo el último tema de moda. Suena el “tuuu” nefasto. Ese que cierra la puerta. Vos bajás y yo sigo. Y te pierdo. Para siempre.