Farmacity, la república de los grandes

Refugio del hipocondríaco, asilo para la obsesiva, socorro del ultimomentista. Ya sea sobre la transitada Cabildo, entre Perú y Av. De Mayo, en plena Diagonal Norte o escondida en el bajo, la cadena Farmacity es el lugar de la eterna felicidad. Tan cara como una juguetería pero con chiches mucho más efectivos y codiciados.


Recorrer las góndolas del Farmacity es un camino de ida, es una sensación de libertad plena donde la diversidad es el plato principal de cada cliente. Una caja de tampones, un blíster de Ibupirac y un paquete de galletitas Toddy. Un jabón antibacterial, tres jugos Clight y la última fragancia de Antonio Banderas. 40 unidades de melatonina, un esmalte para uñas y una mamadera del hijo de Poo.

De forma aún más estratégica que en un supermercado, los repositores ubican la mercadería mientras uno deambula por los pasillos interminables. Y veo el cepillo de dientes que me faltaba. Al lado de un reluciente enjuague bucal que boxea a las encías. Al lado de un efectivo hilo dental con gotas blanqueadoras. Al lado de un spray bucal con nubes de eucalipto. Al lado de un porta cepillos de los Power Rangers. Y llevo los 5 productos. Inclusive el porta cepillos de mis ídolos de la infancia, quizá el más importante de toda la compra.

Para las mujeres es el lugar que les asegura, junto con la peluquería y la esteticista, una vida repleta de éxitos en la belleza. Bandas depilatorias, desodorantes que no manchan la ropa, rimmel a prueba de agua, cremas anticelulíticas, tés adelgazantes y una variedad de alfajores nacionales de camino a la caja, inhabilitando en un último arrebato las compras antes realizadas. 

La cola del Farmacity es la peregrinación de la vergüenza. Todos sabemos que compramos productos innecesarios, pero nos ruborizan aún más esos que delatan nuestras inseguridades. Y entonces la fila se transforma en un tapadero de marcas y productos. La señora esconde el Corega pega muelas. Un hombre arropa una caja de 12 preservativos sabor chocolate. Una adolescente entrega tímidamente una Barrocutina al cajero, mientras otra de la misma edad pero con la piel suave asoma, con un relativo grado de culpa, un Evatest de su canasto.
 
“Farmacity 2x1 es lo mejor” se escucha en un canto que avergüenza al concertista pero enorgullece al publicista que busca un efecto certero en el inconsciente del consumidor. Y es que ya sean 2 bolsas de caramelos, 2 perfumes o 2 baberos descartables, suena bello cuando sólo se paga la primera unidad. Entonces, como si del Arca de Noé se tratara, uno llena la bolsa de artículos pares destinados a satisfacer el consumismo inútil.

¡Qué grande eres Farmacity!
¡Qué bellas puertas corredizas tienes!
Esas promociones que tímidamente asoman,
Esos jabones que dulcemente me aroman.

Ni Vasotenal, ni Alplax, ni Rivotril.
Ni Tafirol en un alto estado febril.
No hay nada que más me enamora.
Tú, querido Farmacity, eres mi única droga.

1 comentario:

  1. Estaba convencida que ir de "compras" por Farmacity era solo una costumbre femenina, pero leyendo esto veo que no estamos solas...

    ResponderEliminar