Nieve

Concordia, Entre Ríos. Enero. 35º de sensación térmica.

Hijo: Mamá hoy va a nevar.
Madre: ¿Cómo va a nevar, Joaquín? ¿Vos viste el calor que hace afuera?
Hijo: Te juro que va a nevar.
Madre: No hay una mínima probabilidad siquiera que llueva, dejá de alucinar.
Hijo: Yo te aseguro que va a nevar. Creéme.

El niño, de unos seis años de edad, seguía empecinado en hacerle entender a su madre que esa tarde de enero los visitaría el clima de las navidades yankees e insistía con su afirmación:

“Va a nevar”
“Va a nevar”
“Va a nevar”

La madre, en parte agotada de la tediosa rutina cotidiana y por otro lado, cansada de escuchar las incoherencias del niño, decidió irse a dormir una siesta, haciendo caso omiso a las insistentes predicciones.

El niño, por su parte, quedó inmerso en la más triste de las ilusiones infantiles, sentado en el piso azulejado de la cocina, mientras su madre se alejaba por el pasillo hasta perderse.

* * *

“¡¡¡Mamá está nevando!!!” se escuchó a lo lejos de la habitación de la mujer. Luego de dos horas de siesta, la madre se incorporó sobre exaltada de la cama y decidió ir a averiguar qué era lo que había provocado ese repentino cambio climático.

Al ingresar en el comedor su cara de asombro fue el retrato más pertinente de la situación en la que se encontraba.

Una infinidad de papeles de resma blancos bañaban el suelo del habitáculo, mientras otros cientos volaban por los aires siendo estimulados únicamente por los pequeños brazos de Joaquín. La mesa, las sillas y todo el mobiliario se hallaba cubierto por un manto blanco.

"¡Mirá cómo nieva!, ¡Mirá cómo nieva, mamá!"

Ya que no tenía la posibilidad de disfrutar de una realidad que le resultaba como mínimo lejana, había decidido crearla. Idear un mundo en el que los anhelos y los paisajes soñados cobraban vida, no sólo en la imaginación sino en la existencia.

Agitado por aventar de modo constante miles de papeles cortados a mano, Joaquín miró a su madre ilusionado, esperando ver la reacción frente a semejante suceso climático.

Ella, perpleja, sorpendida y un tanto desconcertada, se agachó, agarró un puñado de papeles blancos y mientras los soltaba en el aire le susurró con media sonrisa:

“Tenías razón”.


4 comentarios:

  1. Extraño las cosas que escribías antes

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  2. ¡¡¡Hermosa historia!!!!

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  3. Adoré. Siempre digo que quiero que mis hijos sean los mas imaginativos y creativos...

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