Sala de espera

Yo espero.
Tú esperas.
Él espera.
Nosotros esperamos.
Vosotros esperáis.
Ellos esperan.

Somos una bolsa no reciclable de expectativas depositadas por el resto de los mortales que nos conocen, e incluso de aquellos que nos ignoran.

Un padre espera tener un buen hijo; un profesor espera que apruebes su materia; una quinceañera en crisis espera que su novio no la abandone; un fanático espera una actitud acertada de su ídolo; un paciente espera que su profesional lo cure; yo espero que mientras leas esto no sientas que soy un imbécil.

Lo soy.
Pero aún espero que no lo sientas.
Lo espero aún después de habértelo confesado.

Cuando uno no cumple las expectativas que con tantas ansias nos colocan en esa famosa mochila -de la que todos hablan pero nunca vieron colgadas en sus espaldas- la decepción aparece.

“Pensé que eras distinto”, “Creí que me llamarías“, “Esperaba que actuaras de otra manera”, “Confiaba en que ibas a decir tal cosa”, “Supuse que me lo contarías”, “Deseaba que me escribieras”, “Calculaba que no te ibas a enojar”…

El error fue tuyo en pensar, creer, esperar, confiar, suponer, desear y calcular algo sin pensar, creer, esperar, confiar, suponer, desear y calcular que puede resultar diametralmente opuesto a lo que pensaste, esperaste, confiaste, etc.

Piensa mal y acertarás.
O no pienses -y acertar o no acertar dejará de ser un problema-.

No me voy a poner un bonete en tu cumpleaños si considero que me queda ridículo. No te voy a llamar si no me gustás. Voy a decirte que te extraño aunque pienses que ya no te importo. No voy a aprobar tu materia si estudié la noche anterior; y si la apruebo no va a ser con las tres semanas de estudio que a vos te hubiesen gustado.

No esperes un perdón si no lo siento. No esperes un saludo si soy un maleducado. No esperes que hable de vos si no te conozco.

O sentate a esperar. Largo y tendido. Sentate a ver cómo tu teoría se desmaterializa en millones de átomos indivisibles, quizá por no tener la agudeza suficiente para darte cuenta de que no todo se sucede como creías.  

Menos expectativas, menos decepción.
Más expectativas, lo otro.

¿No te gustó el artículo? ¿Creías que iba a ser más entretenido?
Lo siento, te equivocaste.
¿Esperás que de verdad lo sienta?
Te equivocaste de nuevo.
¿No esperabas nada de todo lo anterior?
Lo entendiste.


1 comentario:

  1. Y ahora tengo ganas de escribir. Gracias, yo que ya tendría que estar durmiendo.

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