Cap

Sentada en el borde de la cama, vestida con un pijama rosa viejo y con tan sólo 8 años de edad, mi hermana me escucha atentamente como si fuera el primer planteo extraño que le realizo.

Yo: Me siento raro, como desganado…

Ella: ¿Como… aburrido?

Yo: Creo que tiene un poco de aburrido, pero no es exactamente eso.

Ella: ¿Triste?

Yo: No del todo.

Ella: ¿Cansado?

Yo: Un poco.

Los intentos de denominación eran en vano. No había palabra que la pudiese definir porque no era una sensación de diccionario.

Yo: Vamos a ponerle un nombre x…

Ella: Dale.

Yo: Pongámosle… “cap”

Ella: ¿Cap?

Yo: Sí, por inventar una palabra. Podría ser “gepstunco” o “chalpontón”, pero son muy largas.

Ella: Bueno, ahora explícame el cap.

Yo: El cap es como si estuvieras vacío, como si te faltara algo… como si todo lo que te rodea no es suficiente.

Ella: Poneme un ejemplo.

Con mis 7 años, traté de buscar un caso cercano. Pensé en la empleada que trabajaba en casa, Karina, como referencia directa.

Yo: Es como cuando ves a Karina cortar pepinos un lunes feriado, desganada… No hay nada para hacer, es un día vacío. Ves como la cuchilla va cortando el pepino y los pedazos caen en la olla. Es una situación un tanto triste. Mamá y papá están trabajando, en la tele no hay nada para ver, afuera se escucha el sonido de un par de pájaros y hay olor a mañana.

El ejemplo pareció suficiente para mi hermana, que abriendo la boca con expresión de asombro, entendió a la perfección lo que me pasaba.

Ella: Yo también tengo cap a veces…

Sonrío.

Yo: ¿Ah sí? ¿Viste lo horrible que es?

Descubrí una nueva sensación humana, pensé. Una sensación extraña de la que nadie tenía pleno conocimiento hasta ese momento. Sabía, por otro lado, que lo más importante de todo había sido tener a alguien que me comprendiera, que lo compartiera conmigo. Haber encontrado las palabras exactas para idear un ejemplo simple y certero.

Los dos nos entendimos a la perfección. Y una corta mirada bastó para sellar el pacto lingüístico.

Para nosotros, en ese preciso momento, la sensación era “Cap”. Para el resto de los mortales, lo aprendí unos años después, era conocida como “depresión”.

7 comentarios:

  1. Es redondo este post. Está dedicado a mí, está fantásticamente bien explicado el Cap (lo padecí miles de veces) y tiene una foto de las víctimas de Karina con un cartel de indignados. Re-don-do.

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  2. casi se me cae una lagrima chabon.

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  3. Te vas al carajo, Gonchu. Muy bueno.

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  4. Gonzalo, es reconfortante leer esto. Hace unos días le explicaba a una amialgoga mi teoría de que unos nacía fumador. Le dije: yo tenía una sensación desde la infancia, que era un vacío en el estómago. Incómodo, horrible. Lo recuerdo principalmente cuando llegaba a los cumpleaños, con el cardigan colgando de una antebrazo y el regalo en la mano del otro lado, viendo mucha gente. No la tuve más cuando empecé a fumar, y la vuelvo a tener cuando dejo de fumar. Para mí es algo del cerebro, juas. Y ahora descubro que era Cap! Genial.Ha de ser más que eso. Y debe trascender el asunto de la nicotina y los neurotransmisores. Por las dudas, cuando estés con mucho Cap, no leas ni La náusea ni la Chute. Caen malísimo.

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  5. Fantastico, Gonzalo. Sin duda me encanta cómo escribes. Me da rabia no haber sabido de tu blog antes...

    ¿Porqué razón no se intentará conocer un poquito más a los que no se conocen?

    Te leeré con gusto.

    PD: ahora tengo Cap...por culpa de tanto trabajo en la Uni.

    Saludos de una compi.

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  6. Tengo cap varias veces entonces jejeje!

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