Nieve

Concordia, Entre Ríos. Enero. 35º de sensación térmica.

Hijo: Mamá hoy va a nevar.
Madre: ¿Cómo va a nevar, Joaquín? ¿Vos viste el calor que hace afuera?
Hijo: Te juro que va a nevar.
Madre: No hay una mínima probabilidad siquiera que llueva, dejá de alucinar.
Hijo: Yo te aseguro que va a nevar. Creéme.

El niño, de unos seis años de edad, seguía empecinado en hacerle entender a su madre que esa tarde de enero los visitaría el clima de las navidades yankees e insistía con su afirmación:

“Va a nevar”
“Va a nevar”
“Va a nevar”

La madre, en parte agotada de la tediosa rutina cotidiana y por otro lado, cansada de escuchar las incoherencias del niño, decidió irse a dormir una siesta, haciendo caso omiso a las insistentes predicciones.

El niño, por su parte, quedó inmerso en la más triste de las ilusiones infantiles, sentado en el piso azulejado de la cocina, mientras su madre se alejaba por el pasillo hasta perderse.

* * *

“¡¡¡Mamá está nevando!!!” se escuchó a lo lejos de la habitación de la mujer. Luego de dos horas de siesta, la madre se incorporó sobre exaltada de la cama y decidió ir a averiguar qué era lo que había provocado ese repentino cambio climático.

Al ingresar en el comedor su cara de asombro fue el retrato más pertinente de la situación en la que se encontraba.

Una infinidad de papeles de resma blancos bañaban el suelo del habitáculo, mientras otros cientos volaban por los aires siendo estimulados únicamente por los pequeños brazos de Joaquín. La mesa, las sillas y todo el mobiliario se hallaba cubierto por un manto blanco.

"¡Mirá cómo nieva!, ¡Mirá cómo nieva, mamá!"

Ya que no tenía la posibilidad de disfrutar de una realidad que le resultaba como mínimo lejana, había decidido crearla. Idear un mundo en el que los anhelos y los paisajes soñados cobraban vida, no sólo en la imaginación sino en la existencia.

Agitado por aventar de modo constante miles de papeles cortados a mano, Joaquín miró a su madre ilusionado, esperando ver la reacción frente a semejante suceso climático.

Ella, perpleja, sorpendida y un tanto desconcertada, se agachó, agarró un puñado de papeles blancos y mientras los soltaba en el aire le susurró con media sonrisa:

“Tenías razón”.


Sala de espera

Yo espero.
Tú esperas.
Él espera.
Nosotros esperamos.
Vosotros esperáis.
Ellos esperan.

Somos una bolsa no reciclable de expectativas depositadas por el resto de los mortales que nos conocen, e incluso de aquellos que nos ignoran.

Un padre espera tener un buen hijo; un profesor espera que apruebes su materia; una quinceañera en crisis espera que su novio no la abandone; un fanático espera una actitud acertada de su ídolo; un paciente espera que su profesional lo cure; yo espero que mientras leas esto no sientas que soy un imbécil.

Lo soy.
Pero aún espero que no lo sientas.
Lo espero aún después de habértelo confesado.

Cuando uno no cumple las expectativas que con tantas ansias nos colocan en esa famosa mochila -de la que todos hablan pero nunca vieron colgadas en sus espaldas- la decepción aparece.

“Pensé que eras distinto”, “Creí que me llamarías“, “Esperaba que actuaras de otra manera”, “Confiaba en que ibas a decir tal cosa”, “Supuse que me lo contarías”, “Deseaba que me escribieras”, “Calculaba que no te ibas a enojar”…

El error fue tuyo en pensar, creer, esperar, confiar, suponer, desear y calcular algo sin pensar, creer, esperar, confiar, suponer, desear y calcular que puede resultar diametralmente opuesto a lo que pensaste, esperaste, confiaste, etc.

Piensa mal y acertarás.
O no pienses -y acertar o no acertar dejará de ser un problema-.

No me voy a poner un bonete en tu cumpleaños si considero que me queda ridículo. No te voy a llamar si no me gustás. Voy a decirte que te extraño aunque pienses que ya no te importo. No voy a aprobar tu materia si estudié la noche anterior; y si la apruebo no va a ser con las tres semanas de estudio que a vos te hubiesen gustado.

No esperes un perdón si no lo siento. No esperes un saludo si soy un maleducado. No esperes que hable de vos si no te conozco.

O sentate a esperar. Largo y tendido. Sentate a ver cómo tu teoría se desmaterializa en millones de átomos indivisibles, quizá por no tener la agudeza suficiente para darte cuenta de que no todo se sucede como creías.  

Menos expectativas, menos decepción.
Más expectativas, lo otro.

¿No te gustó el artículo? ¿Creías que iba a ser más entretenido?
Lo siento, te equivocaste.
¿Esperás que de verdad lo sienta?
Te equivocaste de nuevo.
¿No esperabas nada de todo lo anterior?
Lo entendiste.


Un día más en la vida de Pedro

Viernes 10 de julio de 2012, 6 a.m.

Pedro se levantó desmotivado, arrastrando los pies fríos sobre unas pantuflas corroídas. Decidió no desayunar porque tenía miedo de que se le quemen las tostadas y no tenía ganas de revisar la fecha de vencimiento del último saché de leche.

Su día laboral no resultó ni desmedidamente entretenido ni  apabulladoramente alienante. Habló con un par de clientes, sacó algunas fotocopias y tomó un café de máquina. Su jefe lo citó a las 11 en punto para subestimarlo y menospreciarlo injustificadamente como cada día, pero en esta ocasión, con una violencia inusitada. Le gritó “inútil”, “inservible” y lo amenazó, por decimoctava vez, con despedirlo de la empresa. Pero Pedro no se animó a enfrentarlo, más bien agachó la cabeza para evitar conflicto –como hubiese hecho cualquier otro empleado- y se retiró del despacho pidiendo perdón.

Durante el almuerzo sonó su celular 10 veces, Pedro era una persona muy querida y solicitada. Llamó su madre para saber cómo estaba, varios amigos para invitarlo a numerosas fiestas y hasta una ex le interrumpió su ensalada césar para decirle que lo extrañaba. Pero Pedro no estaba de humor para atender el teléfono, por lo que las 10 llamadas se convirtieron en vibraciones inútiles sobre la mesa del comedor de la empresa.

Cuando estaba a punto de pedir su postre se dio cuenta de que era demasiado tarde y tenía que terminar de completar 8 planillas de Excel de algún tema aburrido relacionado con cuentas. Abandonó las frutillas con crema y llegó a tiempo para terminar las hojas de cálculos.

Fin del día laboral, 6 p.m.

Pedro llegó a su departamento agotado de la vida rutinaria y decidió reemplazar al gimnasio por una siesta interminable hasta las 10 de la noche. Luego de la misma, encendió el televisor como cada noche para ver el programa de Marcelo Tinelli, pero se aseguró bajar el volumen lo suficiente como para que los vecinos no lo condenaran por consumir basura masiva… aunque Pedro bien sabía que Estela, la señora del departamento contiguo, también lo veía y carcajeaba en voz alta. Ridícula como pocas.

Más tarde llamó nuevamente su madre y en esta ocasión, Pedro atendió la llamada:

Pedro: Vieja, ¿Qué pasa?
Madre de Pedro: ¡Hijo! ¿Cómo estás? Hace tanto que no hablamos… Quería que me cuentes sobre… (bla bla bla)

Su progenitora empezó con el discurso meloso y aburrido de toda madre. La conversación duró 3 minutos exactos.

Pedro: Vieja, me tengo que ir a la garcha.
Madre de Pedro: ¿Querés que hablemos mañana?
Pedro: Mejor… ¡Un beso!
Madre de Pedro: Te quiero.
Pedro: Gracias.

A Pedro no le gustaba manifestar su cariño, lo avergonzaba un poco -como a todo hijo-.

Medianoche, cumpleaños de su mejor amigo

Pedro llegó tarde a la reunión y saludó uno por uno a todos los presentes. Para su sorpresa, se encontraba Lucía, la chica de la cual estaba enamorado desde hace 3 años. Hubo dos pequeños acercamientos físicos pero no pudo emitir palabra alguna frente a ella. Para compensar, bebió todo tipo de bebidas alcohólicas.

Una vez en el boliche, Pedro tomó 2 tragos más más y bailó al triste ritmo de Pitbull con poca gracia. Siguió mirando a Lucía a lo lejos pero no se animó, nuevamente, a acercársele. Él se reconocía un tanto tímido frente al sexo opuesto y asumía su falta de carisma para levantar mujeres.

Cuando sonó “Ai se eu te pego” puso su cara de poker número 23 y decidió no bailar el ridículo pasito de Michael Teló –aunque lo sabía a la perfección-, prefirió ver cómo lo hacían de modo patético las otras 600 personas que se encontraban en el lugar.

4 a.m.

Hora de irse, pensó. Estaba molesto con todo. Nada lo satisfacía. Saludó a sus amigos y salió con prisa del local bailable en busca de un taxi que lo acercara a su casa.

Cruzó una de las avenidas más transitadas de la capital pensando en lo buena que estaba Lucía y en la posibilidad de invitarla a salir al día siguiente. Tanto pensó que no tuvo tiempo para vislumbrar al Corsa gris que circulaba a más de 100 kilómetros por hora por la misma acera.

El impacto fue inmediato. Voló por los aires tapizando la avenida Santa Fé con un escarlata opaco, frotando su piel sobre el cemento duro, fragmentando cada una de sus extremidades y desfigurando su cara, en un remate morboso, sobre el cordón de la intersección con Peyrredón. Mientras tanto, un par de esperanzados llamaban a una ambulancia, confiando en poder reconstruir un puré de tendones y vértebras.

Pero a Pedro nadie le avisó que ese era su “final feliz”.
Nadie le notificó que ese era su último día.

Si hubiese sabido, habría comido las tostadas quemadas con gusto y revisado la fecha de vencimiento de la leche. Habría enfrentado a su jefe, evitando las injusticias y ofreciéndole su carta de inmediata renuncia. Habría atendido las 10 llamadas durante el almuerzo y no habría dudado ni un solo segundo en degustar las frutillas con crema, aunque ello le costase postergar las hojas de cálculo. Habría omitido la siesta interminable y habría invitado a su vecina Estela a ver el aqua dance juntos, mientras carcajeaban ridículamente con lo que el resto denominaba basura masiva. Si Pedro hubiese sabido que la muerte lo esperaba esa noche, habría escuchado el interminable discurso meloso y aburrido de su madre, cerrando la conversación con un “te quiero” desprejuiciado. Habría bailado “Ai se eu te pego” como la bailantera más barata de la movida tropical, disfrutando el momento con sus compañeros de toda la vida y con el resto de los 600 patéticos que se encontraban en el lugar. Si hubiera tenido la visión de su final fatídico le habría comprado un trago a Lucía y dejando de lado su timidez, le habría dado el beso más intenso que jamás nadie le dio. Tal vez se habría quedado hasta las 7 de la mañana bailando, sin gracia pero con intención, el último hit de Pitbull con su banda de toda la vida.

Pero a Pedro nadie le avisó que ese era su “final feliz”.
Nadie le notificó que ese era su último día.


* * *


“¿Y si mañana te morís?” me dijo un amigo para convencerme de hacer algo que no estaba en mis planes. Y fue entonces cuando pensé en tomar decisiones arriesgadas y vivir la vida con intensidad… para que cuando el Corsa me agarre en plena Santa Fé,
olvidarme de los “habría hecho”
y balbucear en un último respiro:

“lo hice”.




La fauna twittera


Y hoy hablamos todos. Vomitamos ocurrencias inútiles por cuanta red existe. Y cuánto más ridículas y poco interesantes son, más parecen reproducirse. 

Hoy en Twitter todos hablan y nadie escucha. ¿Cómo es la fauna que habita esta red social? Difícil es establecer una clasificación representativa pero esbozaremos la propia. A saber:

Todos los ejemplos utilizados son verídicos y han sido extraídos de Twitter.

Los club de fans:

Son persistentes, agresivos y se mueven en masa con proposiciones un tanto pelotudas.

@piyuelaadepyp: Nos ayudas a que ''PyP la giran'' sea TT, para apoyarlos en la Bio esfera!! RT ♥ ☺

No piden ninguna bolsa de alimentos no perecederos para ningún patronato necesitado, sólo mendigan apoyo para que Pedro Alfonso y Paula Chávez no se sientan carentes de afecto en el programa de Tinelli. 

@FcCharlotte_chc: Sigan Ya A → @Solangegabraham Tiene Q Llegar A Los 250.000 Seguidores RT.

En este otro caso, ruegan que la ex Gran Hermano, Solange Abraham, alcance un cuarto de millón de followers. Quieren otorgarle poder masivo a una chica cuyo currículum consta de habitar 6 meses en una casa televisada con un breve máster en calendarios de gomerías.

Entre los líderes juveniles adorados en Twitter se encuentran: Justin Bieber, One Direction, Emilia Attias, María Eugenia Suarez, Peter Lanzani, Silvina Escudero y demás especímenes de Ideas del Sur. Este último apartado no merece la más mínima reflexión.

Los agresivos:

Se dedican a insultar famosos con humor ácido e inteligente. No… sólo se dedican a insultar famosos. Muchas veces esconden su identidad con pseudónimos poco originales para no hacerse cargo de las palabras que escupen.

@beluiocca: El odio que me produce cristina es algo incomparable no puedo ni ver una foto xq me estreso pedazo de hija de puta.

@drapignata: Ojalá Mariano Iudica viaje pronto a Salta para que lo violen, lo maten y lo vuelvan a violar.

@zorramadre: De 0 a "hipotético hijo entre Listorti y Karina Jelinek", que tan estúpido estu ex?

Los Tanos Ferros

Son rebeldes sin causa, insultan por doquier y tienen un odio desmedido e injustificado.

@Agosespindola: Dios, se sentaron dos pelotudas al lado mio que no paran de hablar y me comen los pochoclos en el odio, lcdtm!! #LRCDTM

@santipires14: Como odio el frio, no me deja estar vestido como se me encanta el quinto forro de las bolas.

@PutasHisterica1: Me causan mucho odio esos flacos que se creen que por tener plata se pueden llevar el mundo por delante. ¿QUIEN SOS PELOTUDO?

@AnahiMorelli: Ya dije que odio el whatsapp ? Viste lo que te mande pelotudo, por lo menos mandame un okey.

Y la lista es interminable. Se quejan de modo constante sin motivos aparentes. Odio todo lo que odian, pero más odio que odien tanto.

Los críticos de Trending Topics:

Se dedican únicamente a resaltar el apocalipsis social por las Tendencias en su país de origen. Una vez está bien, no molesta. Pero estar haciendo referencia constante a los temas banales de los que se habla, sólo continúa alimentándolos. 

@Nico_Cafiero: Si sigo viendo TT¨s como: "Arriba Cris U", "Amamos A Los Caniggia" y "Paula PERFECCION Chaves" voy a ir a Tendencias en Singapur.

@ashottoremember: Los TT's de Argentina me dan ganas de suicidarme.

 ‏@sofiagalaok: Cuando lees " Amamos A Los Caniggia " en los TT te das cuenta que la sociedad está perdida...

¿Ninguno tiene algún tópico de economía mundial para proponer? Dejemos de quejarnos tanto...

Los cuasi-famosos y sus interesantes aventuras:

@SilvinaLuna: ya tengo suenito me voy a la camita besitos!

@SoyListorti: Siesta!!!!!! En un rato estoy contigo!!!!

@AMELIEGRANATA: Bueno día al 1.000.000 !!! Desayunando con Umi y después a preparar las valijas!

Con todo respeto… me chupa un huevo. Metete en la “camita”, “desayuná con Umi” o dormite una linda siesta que mi vida sigue su ritmo normal -no viéndose afectada en lo más mínimo por tu accionar cotidiano-.

Los non-stop: Twittean cada 10 segundos, ametrallando tu timeline con mensajes inútiles.

Los largueros: Como 140 caracteres no les son suficientes, segmentan el tweet en varias partículas indivisibles, un tanto molestas e imposibles de leer linealmente.

Los melosos: Son un canto a la vida, muchas veces desafinado. Opuestos a los Tanos Ferros. “Buen día a todos, seguidores hermosos… ¡Qué lindo sol!”, “Cómo me gustan las galletas que hornea mi mami #ñumñum”... Cargando el rifle en 3, 2, 1…

Las despechadas: Hacen saber a sus seguidores lo sufridas que son y se reconocen como el pedazo débil de la relación.

Los monotemáticos: Sólo hablan de fútbol o de farándula o de tecnología. No los saques de su terreno porque mueren como seres profundamente ignorantes.

Los retwitteros: Reproducen material ajeno una y otra vez, pero incluyen cita. No tienen voz propia.

Los plagiosos: Reproducen material ajeno una y otra vez, pero NO incluyen cita. No sólo no tienen voz propia, sino que simulan ser autores de frases grandiosas.

Como podemos ver, desde la creación de la red de microblogging en el 2006, la libertad de expresión se convirtió en la justificación de un espacio para decir estupideces. 

Y no sólo decirlas sino también leerlas. Estúpido vos. Estúpido yo. Estúpidos nosotros. 

Cap

Sentada en el borde de la cama, vestida con un pijama rosa viejo y con tan sólo 8 años de edad, mi hermana me escucha atentamente como si fuera el primer planteo extraño que le realizo.

Yo: Me siento raro, como desganado…

Ella: ¿Como… aburrido?

Yo: Creo que tiene un poco de aburrido, pero no es exactamente eso.

Ella: ¿Triste?

Yo: No del todo.

Ella: ¿Cansado?

Yo: Un poco.

Los intentos de denominación eran en vano. No había palabra que la pudiese definir porque no era una sensación de diccionario.

Yo: Vamos a ponerle un nombre x…

Ella: Dale.

Yo: Pongámosle… “cap”

Ella: ¿Cap?

Yo: Sí, por inventar una palabra. Podría ser “gepstunco” o “chalpontón”, pero son muy largas.

Ella: Bueno, ahora explícame el cap.

Yo: El cap es como si estuvieras vacío, como si te faltara algo… como si todo lo que te rodea no es suficiente.

Ella: Poneme un ejemplo.

Con mis 7 años, traté de buscar un caso cercano. Pensé en la empleada que trabajaba en casa, Karina, como referencia directa.

Yo: Es como cuando ves a Karina cortar pepinos un lunes feriado, desganada… No hay nada para hacer, es un día vacío. Ves como la cuchilla va cortando el pepino y los pedazos caen en la olla. Es una situación un tanto triste. Mamá y papá están trabajando, en la tele no hay nada para ver, afuera se escucha el sonido de un par de pájaros y hay olor a mañana.

El ejemplo pareció suficiente para mi hermana, que abriendo la boca con expresión de asombro, entendió a la perfección lo que me pasaba.

Ella: Yo también tengo cap a veces…

Sonrío.

Yo: ¿Ah sí? ¿Viste lo horrible que es?

Descubrí una nueva sensación humana, pensé. Una sensación extraña de la que nadie tenía pleno conocimiento hasta ese momento. Sabía, por otro lado, que lo más importante de todo había sido tener a alguien que me comprendiera, que lo compartiera conmigo. Haber encontrado las palabras exactas para idear un ejemplo simple y certero.

Los dos nos entendimos a la perfección. Y una corta mirada bastó para sellar el pacto lingüístico.

Para nosotros, en ese preciso momento, la sensación era “Cap”. Para el resto de los mortales, lo aprendí unos años después, era conocida como “depresión”.

De vez en mes

Mientras apretaba el último cigarrillo del último paquete con vida contra el mármol de la ventana de la cocina –demasiado detalle irrelevante-, una conclusión apresurada sobrevino a mi mente: “A los hombres también nos viene”. Tal vez fue la irritabilidad del momento, quizá una meticulosa observación diaria, o una rápida deducción de vaya a saber qué hecho puntual, pero aseguro que en ese preciso instante, por unos pocos segundos, creí ciegamente en mi teoría.

La regla no es excluyentemente femenina. En los hombres se exterioriza de modo completamente diferente pero con raíces comunes a ambos sexos. De más está decir que las manifestaciones fisio-biológicas en este último caso, son nulas, a diferencia de las mujeres –para más información consultar Wikipedia o al poeta contemporáneo Ricardo Arjona haciendo click aquí-.

En el sexo débil –el nuestro- se da mediante la irritabilidad, nada de lágrimas ni estados de ánimo cambiantes. No hay fecha fija pero el acontecimiento sucede un par de veces cada mes, de tono irregular. Hay una resistencia a soportar situaciones insufribles, tales como desplantes, histerias, situaciones incómodas o simplemente, gente infumable.

Que la tolerancia en “esos días” no sea una cuestión feminista. Soporten nuestro mal humor de vez en cuando y culpen a la naturaleza una vez más, después de todo es ella la única responsable.

Cae la colilla del último cigarrillo del último paquete con vida del mármol de la ventana de la cocina, termino la extraña reflexión y me culpo por pensar tantas boludeces juntas; pero prometo escribirlo en mi blog -en una de esas encuentro algún otro insano que la comparta…

Vos, por ejemplo.-

Shakira, Shakira

Valencia, España. Algún local bailable.

Persona ebria (con un español extraño): ¿De dónde eres?

Yo: De Argentina.

Persona ebria: Oohhhh ¡Argentinaaa!, ¡Shakira! ¡Shakira!

Y yo que pensaba que nos reconocían por el asado y el dulce de leche. ¡Qué ingénuo! Ni mate, ni alpargatas, ni Maradona, ni Messi… Shakira. Una cantautora nacida en Barranquilla, Colombia. Unos 5000 kilómetros de diferencia, pero claro, quién va a reparar en tan pequeño detalle.

¿El Perito Moreno?, ¿Las cataratas de Iguazú?, ¿El obelisco? No, una señorita a medio teñir que canta temas pop por el mundo. Ella nos identifica ahora –o por lo menos para la “persona ebria” que me mira ilusionada esperando aceptación-

Yo (con una sonrisa forzada): Waka-waka

Persona ebria: ¡¡¡Ohhhh sííí!!! ¡¡Waka-waka!!

Yo: ¿Y vos? ¿De dónde?

Persona ebria: De Alemania. ¿Conoces?

Yo: ¡Alemaniaaaa!, ¡Lady Gaga! ¡Lady Gaga!

Guía para hijos #1

Siempre que desees explicar algo informático a tus padres, deberás revestirte de paciencia. En caso de que no la tengas, abstenete de realizar dicha labor.


Yo (conversando vía Skype): “Andá a la barra de direcciones”

Mi vieja: “No me aparece”

Yo: “¿Tenés el Internet Explorer abierto?”

Mi vieja: “Sí”

Yo: “Entonces tiene que estar ahí”

Mi vieja: “Claro, pero no está…”

Yo: “¿Sabés lo que es una barra de direcciones?”

Silencio.

Ahí estaba el problema. No era una cuestión procedimental sino una de base terminológica. Intentar aprender la raíz cuadrada antes de sumar o sin siquiera saber qué es una operación matemática es algo que roza –de lleno- la imposibilidad.

Por más esfuerzo que mi vieja le ponga, tiene los dedos manchados con tinta y la lengua cansada de sellar sobres amarillentos de una época remota. Tiene amor por el cine, pero si el paso de VHS a DVD le costó un interminable dolor de cabeza, ¿Cómo puede pretender que le enseñe a descargar un plugin para ver una película en Cuevana?

Yo (vía Skype): ¿Estás en la página?

Mi vieja: “Dice ´Cuevana´ en grande después dice ‘inicio, series, películas, cortos, noticias (…) compartir en Facebook (…) mostrando películas 1-20, Piratas del caribe´ hay unas estrellitas, unos carteles negros, al lado hay…”

Con un escueto “sí” alcanzaba; pero ella tiene que leer la página web como si fuese literatura, renglón por renglón, párrafo por párrafo. Nunca le enseñaron a saltearse palabras, focalizar en los links importantes o guiarse por barras de navegación.

El Word logró dominarlo –luego de eternas clases por la madrugada- aunque en PowerPoint sigue realizando diapositivas siniestras, con colores estrafalarios, 6 tipografías distintas y una imagen perturbadora de fondo, símil a protector de pantalla de Windows (preferentemente paisaje trillado).

Ella es mujer de abrochadoras y papel oficio. No tengo por qué empecinarme en que aprenda lo qué es un emoticon o un hashtag.

Que sigan leyendo ‘La Nación’ en formato sábana mientras reproducen CDs originales en el equipo de música del living. Que disfruten del curso lento de las cosas simples, mientras nosotros nos abrumamos con errores de página y barras de descarga interminables.

Murcia

Madrid, España. Universidad Rey Juan Carlos.

- Profesora: ¿Alguien es de Murcia?

Silencio.

- Profesora: ¿Alguien sabe dónde queda Murcia?

Silencio.

- Profesora (Ya resignada): ¿Alguien conoce las provincias?

Silencio prolongado.


Yo sabía las 23 de mi país, pero no resultaría interesante...

Yo nunca fui a Jujuy y sin embargo la conozco. Sé que está al noroeste del país, pegada a la cordillera. Sé que es una zona húmeda con clima cálido. Sé que ahí están la Puna y las sierras. Siempre quise ir al Cerro 7 Colores y subir a Facebook fotos sacadas en las Salinas, que resultan graciosas por el juego entre las distancias con el lente de la cámara.

Yo nunca fui a Jujuy pero la tengo bien ubicada, aunque desde mi casa esté a más de 1600 km.
Ellos no fueron a Murcia pero tampoco oyeron hablar de ella, aunque la tienen a tan solo 400 km. de distancia.

No sentí orgullo por mí, sentí vergüenza por ellos, por su sistema educativo. No saber dónde uno está parado resulta un poco triste. Pero más triste aún es no saber qué es lo que nos rodea.

"Estoy haciendo filosofía barata", pensé; y seguí garabateando el cuaderno con un bolígrafo carcomido , reconociéndome un ignorante más,
entre tantos otros.