¡Sh! Estoy votando

Y entonces aparece el espacio gratuito asignado por la Dirección Nacional Electoral y mi cabeza se pone en blanco. Un par de tristes líderes a medio maquillar y con campañas propias de una mermelada barata de segunda selección se exponen a toda hora en la televisión. Hasta la boluda del megáfono de Ser que repite “pasemos del dicho al hecho” me resulta amigable y el imperativo insistente “Revolvete” de la gente de Clight ya no me parece tan tedioso. Y es que las campañas políticas apuestan sus últimas fichas del Monopoly político y la duda se hace presente, mientras revuelvo, casi faltándole el respeto a la insistente publicidad, el jugo Tang de naranja… ¿A quién voto?

“La fuerza de un tal Pedro” o de “Estela” o de “Joana”… Una ola naranja que no termina de bañarme, un Flavio Mendoza 2.0 que dice ser de la izquierda, un colorado que repite que entendió lo que voté en las primarias aunque a ciencia cierta no lo sabe y un incansable “hay candidato” pero-faltan-propuestas. Un puntano que más que político parece el tío ebrio que cuenta chistes verdes al finalizar la fiesta de 15, un líder que no para de gritarme a toda hora y una robusta señora rubia que no se cansa de intentar, e intentar, e intentar…

¿Acaso no hay dinero?, ¿Tendrá que ver con la falta de creatividad?, ¿Quién es la mente brillante que deja salir al aire semejantes imágenes?...

Y mientras tanto yo estoy a apenas cinco días.

Sí, es agarrar un pedazo de papel, recortarlo con la mano –en caso de que se requiera-, meterlo en un sobre y tirarlo en una alcancía gigante. ¿Por qué me preocupo tanto?

“Qué paja ir a votar” escucho en el subte mientras viajo hacia mi casa. Capaz tienen razón… Sería mucho más productivo estrolarme la cabeza con 4 botellas de cerveza y dormir todo el domingo. Eso de andar decidiendo quién va a gobernar mi país durante los próximos cuatro años es tamaña pelotudez, algo sin mucha importancia, un fin que roza lo absurdo y lo patético.

Y así se va al carajo la democracia con la que todos se llenan la boca. Agarrá el diario y ponete a leer propuestas, instruite un poco y tirá el sobre en el alcancía gigante, por lo menos para dormir con la conciencia tranquila de que elegiste a los representantes de tu pueblo habiéndolo considerado por lo menos diez minutos. Y si no lo hacés, reservate ese derecho imbécil de opinar cuando las cosas van mal y todo parece venirse a pique.


2 comentarios:

  1. Tu blog es genial!
    Hacés reir con tu humor ácido y en muchas ocasiones, como en este post, coincido completamente!

    Te sigo :)

    Saludos,
    Pilar

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  2. no puedo opinar más que un redundante: "Tal cual!"

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