Los "negadores productivos"

Mientras leo apresuradamente los titulares del diario de sábado, tal vez por gusto o quizá para justificar la inútil suscripción, algo interrumpe mi ojeada. Un movimiento de placas tectónicas hace reparar mi atención en el acontecimiento que sucede puertas afuera. Asomo mi ojerosa cara al balcón y ahí los veo: 15 mil personas verde flúo trotando a ritmo constante sobre la Avenida Belgrano.


En una especie de desfile soviético en la Plaza Roja, gente de todas las edades uniformada con la marca que auspicia la maratón, sudando al unísono sobre el asfalto caliente. Trotando hacia un mismo destino, esperanzados, ansiosos, insaciables…

Me siento un inútil. Exactamente eso. Un inútil.

Apago el cigarrillo en sobre los ladrillos, evitando que las cenizas caigan sobre los entusiastas corredores. Ahogo mi garganta con una Coca-cola semi caliente y observo la tropa saludable con destino incierto. ¿De dónde sacan las ganas para afrontar el final de año con tanta entereza?

Medito un largo rato. Llego a una conclusión que me auto convenza: son 15 mil mentirosos. O negadores productivos.

Sí. Eso son. Ni saludables ni entusiastas, negadores productivos.

Están a mitad del penúltimo mes del año y sus fuerzas decaen, están destrozados por dentro, quieren cortar el pan dulce y brindar con una sidra barata, quieren que el gordo barbudo les traiga una buena cantidad de regalos y respirar el aire de mar cubiertos de protector solar en alguna ciudad costera. Pero lo niegan, lo ocultan, lo esconden. Y ahí van, corriendo como gacelas de medio pelo, convencidos de que tienen vigor y potencia sin la necesidad de tomar bebidas energizantes. Son negadores. Negadores productivos.

Los aplaudo de pie desde mi sexto piso mientras fondeo la botella de 2 litros de líquido para frenos gasificado. Son los maestros de la ocultación más fértil de todas, la que produce frutos. Esa envidiable negación de la pereza y demostración provechosa.

Yo no llego a fin de mes. Mi condición de negador inútil es más que evidente. Me faltan ganas y fuerzas que oculto con la improductividad. La última parte del año me amordaza y tortura con todo tipo de armas.

Un cordial saludo a los negadores productivos. Mis felicitaciones. Eligieron la forma más inteligente de engañarse.

El más burro de los fingidores.

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