Sube y baja

Con un zumbido extraño para los que desconocemos los mecanismos de las tracciones eléctricas, se abren cada mañana las dos puertas metálicas de la caja que te ahorra, en mi caso, tres pares de pisos por escalera. Subestima a las alturas y desafía los cánones de gravedad, avanzando despótico por cada piso. Allí pasa el bendito ascensor.


¿Quién no ha aplicado una gran movilidad facial frente su espejo haciendo las más estúpidas muecas?, ¿Quién no se ha vestido en él a falta de tiempo?, ¿Quién no ha cerrado la puerta rápido para que no subiera otra persona?... y la clásica: ¿Quién no ha llamado a dos ascensores al mismo tiempo para subir en el que más rápido llegue y quejarse cuando encuentra a alguien haciéndo lo mismo?

Una de las peores desventajas del ascensor: la compañía. Es un lugar cuasi sagrado, con una armonía y paz únicas, por lo tanto no se comparte. El espacio es pequeño, el silencio es evidente y el viaje con otra persona, a mi criterio, entra en el top5 de situaciones más incómodas. ¿Qué actitud tomás?

- Primero bajás el iPod porque está sonando un tema demasiado cachengue y te empieza a delatar (aunque la otra persona tenga 95 años y no entienda nada de música, lo hacés… es una cuestión de dignidad).
- ¿Saludas? Sí, pero con tono lúgubre y speech escueto. Y nada de preguntar sobre el clima o los cortes en la ciudad, porque diez minutos después, terminás hablando del alimento balanceado de su mascota sosteniendo la puerta del aparato para no cortar la charla.
- Después del saludo viene la parte crítica. Tu acompañante de viaje y vos se turnan realizando actitudes ridículas para superar la incomodidad: la tos fingida, el movimiento de llaves sin propósito alguno, la bandeja de entrada del celular o esa aparente búsqueda en la mochila de ‘algo’ sumamente ‘importante’.
- Ninguno de las partes soporta el silencio y mucho menos que el otro lo observe. “¿Qué mirás pelotudo?” pensás, mientras hurgas entre los papeles con cara de naipe.

Ni hablar los que tienen más de 10 pisos de viaje. En ese caso, el acompañante pasa a ser una especie de enemigo de ruta y las asperezas se intensifican el doble.

Seis compañías molestas en un ascensor:

1) Señora concheta estilo country con perro miniatura que ladra.
2) Hombre trajeado que habla por celular a los gritos.
3) Niño malcriado que llora, patalea y pide boludeces.
4) Conjunto de niños malcriados que lloran, patalean y piden boludeces.
5) Madre con cochecito para niño malcriado (el desarme le lleva 8 minutos aprox.).
6) Veinteañero despeinado con olor a faso a las 9 de la mañana.

Pero bien que cuando se corta la luz lo extrañás. Esos novecientos ochenta escalones a tu departamento no son nada agradables y mucho menos después de almorzar. Todo ascensor tiene su magia, ya sea de tipo “heladera gris”, con rejas movibles, eléctrico o a pedal, el viaje en él es toda una aventura… envidiable para aquellos que sólo conocen la Planta Baja.

3 comentarios:

  1. Increible, no conozco situación más incomoda que la del ascensor. Te falto cuando venis con alguien y se caga un pedo. Es horrible.

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  2. "Conjunto de niños malcriados que lloran, patalean y piden boludeces" de los que es infaltable que te empujen o pisen y con la mirada haces que conozcan a su peor pesadilla... voto por las escaleras de todas formas

    Saludos.

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  3. JÁ ! Gracias a Dios vivo en el primero.

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