El nido vacío

Casi súbitamente, aparece esa blanda necesidad de volver a quejarse. Cuando el parquet deja de tener marcas de zapatillas y la alfombra ya no huele a alcohol. Cuando la música estridente pasa a ser un incómodo silencio. Cuando el jardín se encuentra con el césped reluciente, las macetas en su justo lugar y ya no quedan restos de un par de puchos de verano.

Tener esa necesidad de volver al reto fácil, la recomendación constante y el consejo diario. Pero ya es tarde. Ya no están. Su infancia pasó más rápido que la primavera y no hubo tiempo alguno para seguirlos disfrutando o padeciendo. Ahora se disfrazan de independencia y juegan a ser astronautas en ciudades ajenas. Ya no están. Los cuartos vacíos, la casa tranquila. La quietud. Soberbia. Molesta.

¡Llénenme el living de adolescentes indisciplinados!, ¡Levanten esa música estruendosa!... Quiero subidas de escalera abruptas, asaltos de bolsillo suavizados, llamadas molestas a toda hora con propósitos estúpidos… Quiero que corran, que rían, que canten…

¡Quiero volver a quejarme! Quiero retarlos y que se burlen, que no les importe. Que lleguen a las siete de la mañana, que me abracen cuando salgan, que se rían de los años que se me vinieron encima. Quiero que me digan “no entendés nada” y “no tenés razón” mil veces más y que todavía no se den cuenta lo valiosas que eran nuestras recomendaciones.

Pero ya es tarde. Ya no están. Tendré que conformarme con una visita esporádica o una llamada larga distancia de apenas cinco minutos al día porque ahora los ocupados resultan ser ellos. Están grandes. Son independientes. La quietud. Soberbia. Molesta.

Es casi un capricho adolescente… Quiero volver a quejarme. Una y mil veces más. Pero ya es tarde. Ya no están…

6 comentarios:

  1. Muy bueno gonza, aunque ultimamente estás apocalíptico.

    ResponderEliminar
  2. Que paso? te tragaste una pastilla de "agrandolina"...Excelente retrato de tantos padres que enseñaron a volar a sus hijos

    ResponderEliminar
  3. Lo leí y me emocioné. Si bien yo vivo con mis papás y nunca me moví de capital, no puedo imaginarme el momento en que deje el nido. No quiero ni saber que van a estar solos. Es la ley de la vida, claro, pero no me imagino el dolor que debe ser para ellos dejarnos libres, y aunque vamos a pasar más tiempo solos que acompañados por ellos, los pocos años de infancia pesan más (mucho más) que toda la vida.
    Hermoso texto gonchu,
    mica dii!

    ResponderEliminar
  4. Buenísimo.

    Por otra parte,

    Ps: No tengo ninguna duda. Tenés el Trastorno de Ansiedad Generalizado afectado por componentes anímicos.
    Gonzalo: ¿Ah sí?


    Me pregunto si realmente uno debería darle atención a otra persona, como si supiera qué pasa realmente por nuestra cabeza.

    Excelente blog, voy a seguir leyéndolo.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Se lo mandas a mis viejos a Bariloche porfa?
    Me encanto..
    Caro

    ResponderEliminar