El abc del estudiante

a) El reloj marca las 12 de la noche.
b) Me siento un poco cansado.
c) Mañana tengo un final.

Y entonces comienza el rejunte de drogas sin receta terminadas en “ína”, una luz tétrica iluminando el escritorio, una joggineta bien cómoda, y un par de apuntes graffiteados cubiertos con resaltadotes obsoletos (Se empieza con el ‘amarillo flúo’ y se termina con el ‘verde cotorra baleada’).

Y te proponés ponerte las pilas. Estudias media hora a todo motor. Te distraés. Te colgás mirando una uña carcomida. Te encontrás leyendo mensajes de hace tres semanas en tu celular. Te dibujas boludeces en los dedos. Te tomás el trabajo de limpiarte las boludeces que te dibujaste. Y te proponés ponerte las pilas, nuevamente…

Una especie de círculo vicioso aniquilador.

A las dos horas de estudio. Decís: “Ahora entiendo todo esto… ¡Claro! Nunca le presté atención, no era tan difícil…”. Y se da el mágico encuentro presentado por un alma en pena:

Vos – Materia
Materia – Vos

“¡Un gusto, boluda!, ¿Todo bien?”

La noche te regala ése silencio envidiable; nadie trabaja, nadie camina, nadie conversa… Estás vos y ése block de hojas vírgenes de lectura. Y ahí vienen los arrepentimientos sobre la pereza y la desgana que sólo sirven para hacerte dar cuenta en la triste situación en la que estás inmerso.

Y los segundos avanzan y seguís en la página cinco, estas medio empastillado y empezás a fabular con la siesta eterna luego del examen o en la salida nocturna más emocionante de toda tu vida. Las ojeras te delatan y las persianas hacen fuerza hacia abajo mientras imaginas finales fatales respecto a la asignatura.

A pesar de todo eso, yo soy de los que disfrutan de esas últimas noches de estudio. Entre módulo y módulo me abstraigo con un tema de Jack Johnson y me fumo un pucho eterno. A las 3 de la mañana decido meterme en la ducha y una hora después me encuentro untando el Casancrem sobre una tostada a medio quemar. Son horarios autoimpuestos. Como un día sin sol en el que la tierra se muere y te encontrás riéndote de estupideces o aprendiendo más que de costumbre.

Sin duda hay algo de asombroso en esas desveladas intencionales. Y más aún si tienen éxito al día siguiente…

5 comentarios:

  1. muy buena gonza como siempre muy acertados tus textos, y el unico gran problema al respecto es si no te da resultado al dia siguiente.. despues si todo excelente jaja abrazo enorme
    soy panchito bruno por si conoces a otro pancho

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  2. ayyy qué lindo, qué nostalgia
    yo fui una estudiante noctámbula
    la magia de la noche y su silencio para estudiar y sufrir también por el tiempo perdido
    la hermosa concentración nocturna
    cómo la extraño

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  3. Muy bueno gonza, muy acertado nuevamente. No perdés el toque, seguí así.

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  4. Acabo de leer varias de tus entradas...
    Espectacular. Por alguna razón tendemos a usar un estilo similar. Ya te pongo entre los blogs amigos...
    Que sea recíproco!
    Un saludo... Obviamente que lo de trasnochar es moneda corriente...

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  5. No dormir por estudiar nunca lo hice. Sí levantarme un toque antes de desayunar, pero claro, eran épocas de colegio. En mi facultad estudio menos que el chavo del ocho.
    Sin embargo sí me quedé muchas veces en madrugadas largas escribiendo a pulmotor alguna que otra novela. Mucho más satisfactorio te digo eh, muchito más.

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