Señales

Hace un par de años, cuando salía regularmente a la terraza de mi casa a fumar el pucho de turno en la quietud de la noche, tuve un contacto un tanto inesperado. Mis audífonos sedaban mis oídos con bandas serenas cuando ví una luz titilar a dos cuadras de donde me encontraba.

Al principio pensé que era una simple luz defectuosa, pero al ver que ésta se movía de lado a lado, comprendí que había una persona que la comandaba haciéndome señas. Me pregunté si algo le sucedía, ya que por la gran distancia que nos separaba, lo único que se veía era ese destello intermitente. Esperé unos 5 minutos pero el foco seguía volando, a ratos, en la terraza opuesta a la mía.

Entonces agarré mi iPod, lo iluminé y lo levanté en alto. La respuesta fue inmediata. La luz lejana comenzó a moverse con más fuerza y con un resabio de alegría. Ahí fue cuando comprendí que la otra persona (Desconozco su edad, sexo o apariencia) sólo estaba entreteniéndose con este “juego de luces” y sonreí por la situación (Un tanto patética).

Y así se sucedieron las noches. El pucho de las dos de la mañana y las luces con ese alter ego de la Avenida equis. Los fulgores variaban de modo constante: un velador, un celular, un láser… Ambos nos habíamos prestado al juego estúpido de brindarnos señales mientras compartíamos un momento de aparente soledad. Era una compañía desconocida, dos seres unidos bajo un recreo poco sano, encontrados en la inmensidad de la noche, sin propósito alguno de conocerse… porque lo que mantenía viva la relación, era el destello de cada madrugada.

No pretendimos robarle el formato a Sergio Lapegüe. De hecho, nuestro “Prende y apaga” no tenía otro público que nosotros mismos, dos locos a merced de la respuesta contraria.

Hoy me doy cuenta que eso es lo que necesito. No quiero más palabras. Prefiero el silencio y la señal oportuna que me demuestran que el otro está ahí, atento, prudente, alerta, sonriente. Necesito ese chispazo que me deje pensando, ese guiño fácilmente decodificable, esa sonrisa despierta, ese ceño ausente y una mano que palmeé la espalada.

No necesito tantas palabras. Callate un poco. Callémonos un poco. Dame señales que me dejen idiota por un rato, que me demuestren que estás ahí. Que me hagan compañía sin perturbarme.

A veces siento que no preciso nada. Solo verte y que me veas. Nada más. Soy un poco pretencioso. Pido favores un tanto estúpidos para los tiempos que corren, pero es que ya me aburren los vocablos de relleno y los discursos sin sentido. Quiero más señales. Y menos palabras.

Más señales. Y menos palabras.

4 comentarios:

  1. coincido cn lo d lo gestual en vez de las palabras, ya me aburren. a todos nos aburren
    segui asi capo

    matute st.

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  2. si las reclamas es que estas preparado para percibirlas...
    escribir puede ser una señal para otros...

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  3. De chiquito me regalaron un láser y yo le hacía luces a la luna, esperando que de allá me contestaran... Linda señal hubiera sido jajaja.
    Y aunque sólo sea expresable con más palabras (pues lamentablemente blogger no admite gestos y otras señales): buenísima la entrada.

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