Pronosticado muerte

¿Y si tu muerte está predestinada para mañana? Al cruzar la calle un Scania te aplana contra un semáforo sin luz, te reventás contra la planta baja mientras el ascensor se desmorona o te vacían un cargador de pistola sobre la cabeza mientras intentan robarte… O tal vez te desmayes en la ducha y la cabeza se te reviente contra la pared, te agarre un paro cardíaco en un boliche, te descuartice algún psicópata perdido o te muelas cayendo de un sexto piso. ¿Y si mañana se acaba tu corta vida?, ¿Si te quedan 10 horas y lo desconocés?... ¿Qué harías si sabés que en poco tiempo pasas a ser un puñado de huesos útiles sólo a estudiantes avanzados en medicina?

Disfrutar. Vivir a pleno.

No me resulta muy divertido escuchar a la “versión optimista” de mi yo, pero a veces, simplemente es necesario.

Hacete mentalmente esa lista boba que Freeman y Nicholson se hicieron antes de partir pero adaptada a tu entorno. No te digo que destroces las horas y te des placeres estúpidos. No pretendo que te inquietes con mis desesperanzadoras hipótesis de la muerte. Tampoco te estoy diagnosticando una enfermedad terminal, sólo te propongo ver el presente con un futuro ausente… y actuar conforme a él.

Por eso:

Abrazá a tus amigos y deciles cuanto los necesitás. Agradeceles a tus viejos el mero hecho de tener la vida y dejá de cagarlos a pedos porque deciden aconsejarte. Sonreíle a tus enemigos y aniquilalos con una alegría desmedida. Escuchá a los que tienen experiencia y aprendé a aprehender lo que te cuentan. Puteá bien alto cuando las cosas salgan mal pero suspirá porque pudieron haber salido peor. Reconocé a tu Dios, religión, ídolo, maestro o fuerza metafísica que creés que te da el don de la existencia. Leé un buen libro en la inmensidad de la noche, disfrutá de una película en compañía, escuchá la música que te deja la risa fácil y el alma dócil. Decile a esa persona cuánto la amas, sin temor a las reacciones erradas o fracasos sin intentos. Cantá por la calle y caminá descalzo en tu cuarto; organizá reuniones en tu casa, visitá a ese familiar que tenés abandonado y estudiá con gusto. Empezá a decir más “sí” que “no”… Despertate veinte veces el mismo día y dormite saciado de realización.

(“Se fue al carajo” debés estar pensando, erradamente, claro).

Dejemos de preocuparnos por lo que no llega y contentémonos con el ahora. Olvidémonos de esos problemas pelotudos y bañemos de optimismo a la semana. Levantá bien alto la copa y brindá por vos y por mí. Brindá por respirar sin pausa. Brindá para que cuando el día que choques, te despedaces, te infartes, te desangres o te quedes dormido llegue, tu paso por este mundo haya valido la pena…

4 comentarios:

  1. Y usá protector solar.
    Te quiero tantísimo

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  2. tu paso por este mundo haya valido la pena...

    genial, no hay otra manera de vivir qe no sea haciendo esas cosas, sino no es vida...
    besos

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  3. Muy bueno che, me sorprendio el tema. Siempre es bueno tener a alguien que te lo diga.

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  4. bien genio, a mi me gusta tu yo optimista

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