A o B, esa es la cuestión

Hay ocasiones en las que “el día” es el principal culpable de lo que me sucede. Otras veces, no pretendo individualizar y simplemente condeno a “la semana”. Pero cuando tenés “un mes” de mierda y ya no hay fecha que te caiga bien, el imputado deja de ser un sencillo almanaque y la resignación te invita a tomar un café.

“Se llama suerte a la creencia en una organización de los sucesos afortunados y desafortunados” dice la enciclopedia virtual. Bien; entonces soy un desafortunado. Pero me cuesta admitir los juegos de azar y el destino barato justificador de errores, entonces considero ser un pelotudo más que un desafortunado.

Si te dan a elegir entre A y B, hay sólo dos opciones y siempre hay una que es mejor que la otra. La “A” es la primera del abecedario y su figura es agradable a la vista, mientras que la “B” viene después y está un poco pasada de kilos. Generalmente hay una serie de parámetros que te indican que “A” es mejor que “B”. Ahora, vos podés elegir “A” y acertar o elegir “B”, cometer el error y padecer las consecuencias. Si elegís “B”, no intentes relacionar tu equívoco con la suerte, es decir, hacete cargo. Seguramente está el inconformista de mierda que dice “Pero podés elegir ‘A’ y que el resultado sea negativo”, a lo que respondo: “Sí, pero las probabilidades de riesgo son mucho menores”. Eso es la vida: un sistema de probabilidades.

Saber elegir y consolidar la elección, no se trata de una mera cuestión de suerte.

Mientras no esté un albañil bajando diez ladrillos en ése momento, no debería haber inconveniente al cruzar por debajo de una escalera. Tampoco debería haber problema alguno al casarse o embarcarse un martes 13, mientras tengas una pareja fiel o un capitán capacitado. Es cuestión de lógica:

Si “1 = MAL” y “2 = BIEN”
Por lógica, “1” no va a ser igual a “BIEN” (o por lo menos eso indican las probabilidades).

Tengo que dejar de culpar inocentemente al día de turno y hacerme cargo de las decisiones que tomo. El resultado no es ajeno a mi persona sino que yo soy el principal causante.

Dejemos de buscarle el misterio al día de mierda o al encadenamiento de sucesos fatales. Empecemos a buscar la causa de ellos, que indefectiblemente nos lleva a la elección y al injusto sistema de probabilidades. La verdadera causa del problema reside en el elector. La verdadera causa del problema reside en nosotros.

Luego de estas palabras:

A) Puedo haberles dado mi experiencia y ustedes extraído un mensaje.
B) Puedo haberlos mareado.

Si “A”, me alegra que me comprendan.
Si “B”, mis más sinceras disculpas.

3 comentarios:

  1. leer esto me hizo acordar a esta frase: still "everything happens for a reason" is no reason not to ask myself...
    besos.

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  2. Yo elijo A, entendí, pero la reconcha de tu madre con lo bien que se está pasándole la culpa a la malagamba que flota por ahí.
    Probabilidades... sí, eso nunca lo había ligado a las elecciones y sus consecuencias.
    En fin, buena reflexión (te lo dice alguien que pasó un año de mierda lleno de mala suerte).
    Saludos y buena suerte,

    Rafa.

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  3. el otro dia descubri este blog
    que loco que es que por alguna parte del universo hay un clon mio version hombre

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