Revolución bolchevique

Tumbada sobre la famosa Florida, cerca de todo el que pasa y al mismo tiempo, tan lejana. Con las extremidades heladas y la piel ajada por la constante exposición al clima de turno. No conoce el aula ni la tiza, ni la cama ni el ropero, menos sabe de tecnologías modernas.

Con tan sólo siete años cree llevarse la vida por delante. Es tan inmenso el dolor que pocas son las lágrimas capaces de representarlo. Padece su corta historia, sufre su presente y aguarda un futuro que difícilmente toque su puerta.

Si le quedase un poco de esperanza, la regalaría porque no cree en las ilusiones falsas. Si tuviese un líder, sería Gandhi. Si comprase una casa, no ostentaría lujos. Si confiase en algo, no sería en el gobierno. Si buscase un valor, sería la justicia. Si pudiese comprender porque está fuera del sistema, continuaría llorando.

De grande sueña con ser veterinaria… aunque todavía no logra sacarle las pulgas a su pequeño acompañante. Sucias están las manos que entreabren las bolsas esperando encontrar ese desecho alimenticio que salve su noche. Cada un mes suele cambiar su decolorado buzo e intenta bañarse cuando los generosos se hacen presentes. A veces tiembla por las noches y cruje su estómago vacío. Expone un cuerpo enflaquecido en contra de su voluntad que poco conoce la calidez y el afecto.

Se le cayeron los dientes pero al parecer, el Ratón Pérez no está interesado en ellos. Papá Noel nunca la visita, tal vez porque ella no sabe escribir y el viejo sólo se comunica por carta. El payaso de la cadena de comidas más grande del mundo invita a pasar a todas las niñas de su edad pero nunca se interesó en ella, seguramente es porque suele fruncir los labios y el ceño... y el muñeco solo busca sonrisas.

Inmersa en la era de las comunicaciones no posee teléfono. Sumergida en el mundo del entretenimiento no conoce un pelotero. En el medio de la sociedad del consumo jamás compró siquiera un par de medias.

Con siete años trabaja, cuida, ayuda, llora y espera. Oficios más que complicados para una mente tan pequeña.


Mirá pedazo de pelotudo dejá de quejarte porque no te anda el Facebook. Caprichosa de mierda no protestes cuando la campera que te gusta no está en rosa. Vivimos inquietados en las forradas más incoherentes y nunca agradecemos los gozos y beneficios de estar integrados a un sistema.

No soy comunista, pero sí soy humano. No estoy planteando una revolución bolchevique, simplemente creo que a veces está bueno dejar el humor de lado y enfrentar la verdad que circunda nuestra existencia. Dejar de pensar en uno y reflexionar en los demás. Agradecer lo poco o mucho que tenemos. Tal vez de ese modo enmendemos la realidad, siempre ignorada, que poco a poco se va cayendo a pedazos, y ya no se puede seguir tapando...



No hay comentarios.:

Publicar un comentario