Visión Imposible

Desistí. Es intolerable. Debo reconocer que me estoy volviendo un tanto exquisito e iracundo pero por más que lo intente no encuentro forma de superarlo. El séptimo arte es sobradamente bello como para dejar de apreciarlo pero no llega a valer mi paciencia. La odisea de ir al cine me ha vencido y últimamente he optado por la tranquilidad del hogar para consumir buenas películas.


El infierno comienza desde el momento en que se sacan las entradas. Tal vez sólo me suceda a mi, pero generalmente suelo ser la oveja negra que opta por las películas menos taquilleras.

Amigo mala onda que no cede: ¿Esa película de mierda querés ir a ver, Gon?
Gonzalo: Sí, esa.

Amigo mala onda que no cede: Pero vayamos a ver alguna más conocida…
Gonzalo: Es que no está bueno que haya muñecos azules en un mundo que no existe, prefiero ir a ver algo un poco más… realista.

Amigo mala onda que no cede: Bueno dale… Entonces vayamos a ver la del mago de anteojos que va a Hogwarts en una escoba voladora y trata de vencer a Voldemort…
Gonzalo: Ehh… me parece que no estás cazando el punto. Pero bueno, vamos a esa si todos están de acuerdo.

Cuando cedo, firmo mi sentencia. Después vienen las complicaciones de horarios que van in crescendo de acuerdo a la cantidad de amigos que decidan ir:

Amigo1: ¡Yo puedo a las 3!
Amigo2: ¡Yo no!, vayamos bien tarde
Amigo3: Bien tarde no puedo…
Amigo2: Bueno, ¿tipo 6?
Amigo4: A las 6 rindo.
Amigo5: Yo a las 7 tengo fútbol.
Amigo3: ¡A las 8 tengo piano de cola!
Amigo2: ¡Después de las 9, que yo tengo curso de papel maché!

Cuando se arregla el horario, todo marcha sobre ruedas (Hasta que ponemos punto de encuentro, la mitad llega tarde, la otra mitad quiere comprar pochochos y terminás entrando a la sala con las luces apagadas y la enferma de la acomodadora con una linterna más chica que un portaminas, comiéndote los escalones y bancandote las risas de los precavidos que llegaron media hora más temprano).

Acomodadora (baja, morocha y con cara de culo, es regla):

- A ver chicos… 34, 35, 36… a ver…
(Apurate que empieza la película, corchito)
- Creo que son estos 5 asientos…
(¡Somos 6, genia!)
- Ah… no. Pero son 6 ustedes…
(Sí querida, pasa que desde ahí abajo ves la mitad)
- Uh... hay un problemita…
(Flaquita apurate que nos están mirando mal)
- ¡Ah no! Ya está.
(Por fin)
- ¡No, no! Perdón, me equivoqué.
(La golpeo en 3, 2, 1…) Negrita
- Uno se va a tener que sentar atrás porque estos ya están ocupados.
(¿Me estará jodiendo?)
- Háganme el favor, así no hago mover a toda la sala.
(Empezá a moverte vos pedazo de pelotuda y hacé las cosas bien)

- Gonzalo: Voy yo, no te preocupes. Voy yo.

Cuando llegas a tu fila te das cuenta que tu asiento está justo en el medio y que tenés que disfrazarte de contorsionista para pasar a los 10 sujetos que placidamente miran la pantalla. “Permiso, permiso” poniendo mi mejor cara de naipe y floreando el culo paso entre la multitud.

Estoy sentado. Ya nada puede sucederme. Comienza la película y el famoso mago (el del rayito en la frente) saca la varita de mierda y hace un par de pasos estúpidos. Película sin gracia. Ya lo predecía.

A la media hora se siente el ruido enfermizo y torturante. Una señora aledaña disfruta de su balde de 4 kilos y medio de pochochos. Cuantos más le entran en la mano más satisfecha se siente. Abre su boca como la última orca marina en arribar al golfo San Jorge e intenta embutir la mayor cantidad que su respiración le permite. Se ahoga. Tose y vuelve a comer.

Un poco después comienza la guerra con el señor que limita a mi izquierda. Como si uno solo no fuese suficiente, quiere colocar ambos codos en los respectivos apoyabrazos.

Empujo un poco.
No es suficiente.
Hago más fuerza.
Siento llegar.
Lo desplazo.
Me mira.
Lo miro.
Se calla.
Tuve suerte.

Ya me perdí la mitad de la película entre tanta distracción. Pero hacerme perder sólo la mitad, sería un gesto demasiado noble por parte de los espectadores. Luego viene el bebe que llora, la de la risa esquizofrénica, el borrego que ya la vio y nos tira adelantos en voz bien alta, al que le suena el celular, el que te pone los pies en la cabeza y la problemática acomodadora que cae con 5 malcriadas que no paran de hablar.

Lo más triste de todo es que la película está tan bien resumida que sólo dura 3 horas y media (Tiempo suficiente como para alienarte por completo).

Defiendo la casa, sin duda alguna. Defiendo el sillón y las películas pirateadas. Defiendo los pochochos quemados y el caramelo sin derretir. Defiendo disfrutar la comodidad de lo íntimo en compañía de partidarios del buen cine, ese del que muchos no han oído hablar…

6 comentarios:

  1. Me haces llorar Gonzalo, me haces llorar. Estefii-.

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  2. che dela te estas vovliendo un viejo ortiva, tomalo como quieras...
    la más linda

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  3. Me reí mucho gon!! (Iba a poner "jajaja" pero quedaba redundante) Así como lo describís, son todas fijas, aunq a mí sí me gustan esas películas que odiás (bue, salvo avatar que la detesté)
    Una cosa más xq ni da un testamento: "Voy yo, no te preocupes. Voy yo." No te la cree ni Dios, hijo de puta jajaja

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  4. Corriendo peligro de sonar como una acosadora; Me encanta lo que escribis.

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  5. ¡Es tal cuál!, lo único que te olvidáste en tu defensa, y que para mí es una razón por demás valiosa, es que en tu casa podés pausar la peli cdo. quieras y volverla a retomar donde estabas, o retroceder si te perdíste alguna parte. Demás está el hecho de que podés volver a verla cuantas veces quieras!, ¿no es genial??...

    Muy buen post!
    Saludos!,
    D.S.

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