Triste circo

En la última parte del año, acostumbro levantarme después de lo pactado con el reloj. Los hechos que se suceden luego de ese primer descuido son previsibles: me salpico con una rápida ducha, irrito mis encías con un veloz cepillo, hago ayuno involuntario y olvido la mitad de los apuntes. Hechos ‘electos’ desde el momento en que decido dormir media hora más. El problema se manifiesta cuando los hechos que no habían sido pronosticados obstaculizan mi camino de modo sorpresivo.

Mi problema crece en un colectivo de línea que se desvía por un camino aledaño, que intenta emerger del caótico tráfico, que soporta puteadas y bocinazos, que pierde el valioso tiempo de sus pasajeros por los benditos cortes de calle en la capital.


En ese preciso momento, el derecho a circular libremente choca abruptamente con el derecho a protestar. Estoy de acuerdo con que los salarios son bajos, las condiciones de trabajo paupérrimas o que el ocio producto del desempleo fastidia, pero también quiero ir a estudiar.

Yo entiendo la situación de los que reclaman incansablemente un presente mejor, pero lamento comunicarles que la solución no radica en cerrarle el paso a media ciudad. La gente quiere –o tiene- que trabajar, estudiar, producir, construir,… avanzar. Me parece que el error del reclamo está en a quién se dirige. Se quejan contra los pares trabajadores en vez de demandarle al gobierno de turno.

Creo que la resolución del conflicto deberían darla nuestros gobernantes. Tendrían que ocuparse de las necesidades de sus ciudadanos, atender los justos reclamos promoviendo al bien común, escuchar todas las campanas y comprometerse con soluciones firmes y efectivas. “Tendrían” y “deberían”… dulces potenciales que sabemos, nunca se llevarán a cabo.

Bienvenidos al circo más concurrido del país; al epicentro de malabaristas y lanzallamas ubicados en posiciones claves; un grupo de acróbatas que intenta salir ileso de semejante caos y, mientras todo esto sucede, los dueños del circo toman su merecidísima siesta diaria.

“El infierno regular”, “la rutina porteña”, “el camino infinito”, “la pesadilla diaria”. Posibles títulos para el reestreno de la vieja película dirigida por Fernandez, en la cual todos nosotros, somos protagonistas.

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