La última

Ella sabía positivamente que era la última, conocía a la perfección el rol que ocupaba en su vida, creía tener el poder para dominarlo y lo conseguía, una y otra vez. Conocía su punto débil e intentaba tomarlo cansado, sin fuerzas, harto de trabajar, estudiar y vivir. “La última” era calculadora y malintencionada, se aprovechaba del indefenso, exigiendo su cuerpo, desgastando su mente y destruyendo su vida entera.


A pesar de detestarla, a él no le quedaba más remedio que estar con ella, tal vez porque sabía que no duraría mucho tiempo o quizá porque se resignaba a perderla después de tantos años juntos. Su relación con “la última” iba más allá que el mero vínculo entre dos amantes. Ambos compartían el más dulce de los amores pero al mismo tiempo la más trágica de las pesadillas.

“La última” intuía lo que a él le atormentaba y buscaba, por todos los medios, hacerlo sufrir. Ella nunca tenía piedad, lo ponía a prueba constantemente y esperaba a que el tropiezo más dulce se convirtiera en una caída sin final.

El efímero noviazgo que ambos compartían era cíclico: se veían, se enamoraban, se peleaban, se reconciliaban, se divorciaban. Lo que empezaba en la rutina, seguía en los padecimientos y finalmente, terminaba en brindis con champagne como entendimiento mutuo y fin de la relación.

“La última” sabía que era la última. Él amaba a todas menos a ella. Con las otras se bañaba en el mar y disfrutaba del tiempo libre. Con las otras comenzaba proyectos y planeaba objetivos. Con las otras se divertía, maduraba, aprendía y disfrutaba. Con ella sólo padecía, adolorido y angustiado.

“La última” exigía su cuerpo, desgastaba su mente, destruía su vida entera para luego levantarle la copa con champagne intentando mirar de cara al futuro. “La última” soñaba con ser la primera…

Pero siempre era lo mismo: Esa parte que él tanto odiaba. Esa parte a la que sus amigos y familia tanto rechazo les causaba.

La parte que intentaba tomarlo cansado, sin fuerzas, harto de trabajar, estudiar y vivir… Ella se definía, lisa y llanamente como:

“La última parte del año”

Lo absurdo de lo ilógico

Es ilógico correr por la calle cuando tenemos tiempo de sobra para llegar a nuestros destinos. Es ilógico desaprobar habiendo estudiado mientras aquel que nada leyó, salga victorioso. Es ilógico fumar en un hospital, reírse en un entierro o abortar un hijo.

Es ilógico que un niño de 8 años le limpie el vidrio del auto a uno de 50. Es ilógico que un libro sea decorativo, cuando en realidad fue hecho para ser leído. Vemos ilógico una noche sin alcohol, una clase entretenida o un gobierno con dictador.

Es ilógico hacer chistes raciales y tener amigos judíos. Es ilógico discriminar a los indigentes y no hacer nada para cambiar su realidad. Es ilógico culpar a los inocentes, pedir perdón a los culpables y nunca salir de nuestra inocencia.

Es ilógico irse de putas y ser padre de familia. Es ilógico leer consejos de sexo y ser virgen. Es tan ilógico vivir acompañado y dormir solo, como vivir solo y dormir acompañado. Es ilógico salir un martes, escupir para arriba y robarle a tu madre.

Vivimos llenos de absurdos y contradicciones. La mayoría no tiene explicación racional, al resto simplemente no se la buscamos…

No valen mi calentura (ni la tuya)

¿Cómo hago para no mandarte a la mierda cuando confesas haberme metido los cuernos?, ¿Cuál es el método para calmarme sin pastillas cuando no te puedo seguir escuchando?, ¿Cómo se hace para salir ileso de una batalla campal? El que fuese capaz de resolver estos interrogantes, sin duda alguna, se haría millonario en pocos minutos.

Algunos alegan que la ira tiene estrecha relación con la genética, otros dicen todo lo contrario. Algunos dicen que cuando la necesidad de amor se frustra aparece este pecado capital, otros creen que no hay vínculo alguno entre estos dos sentimientos. Algunos tienen la envidiable serenidad para controlar un conflicto y otros, simplemente, la facilidad para tirar todo al carajo y apodar mágicamente a tu vieja.

Casos (más recurrentes) que producen ira:
- Esa persona histérica que no para de hablar y contar anécdotas que a nadie le interesan.
- Ese/a novio/a que no solo te engaña, sino que después de hacerlo público te lo cuenta sin anestesia y con un frío perdón (acompañado de una cara de idiota).
- Ese nefasto político que te roba a mano armada.
- Ese conductor pelotudo que no sabe manejar (siempre la culpa la tiene el otro).
- Ese hijo caprichoso que grita y patalea porque no le compraste el juguete más caro o porque simplemente no le terminás de agradar por el momento.
- Esas noticias deprimentes que a diario tenemos que escuchar.
- Ese vecino enfermo que escucha la música bien fuerte, toca el piano, garcha, canta y juega al chancho en el preciso momento en que te disponés a estudiar.

Primer paso: calmarse. La ira se puede controlar… así que quédense tranquilos y no intenten matar a nadie, todo vuelve a su cauce.

Reemplazá la envidia por el “no valés mi calentura”. Al vecino enfermo, hijo caprichoso, conductor pelotudo, político nefasto, pareja metecuernos y personas histéricas: NO VALEN MI CALENTURA… ¿Queda claro? Simplemente no la valen. ¡No pienso desperdiciar mi valioso tiempo en enojarme por sus estúpidas acciones y comportamientos irrelevantes en mi preciada vida!

Creo que es el texto que más puteadas tiene, reconozco que me fui al carajo. Pero quería ser lo más didáctico posible para hablar del enojo. Disculpas nuevamente a los moralistas de turno y falsos defensores del habla. Ya me tranquilicé…


Tercera breve cita con el psicólogo

Todavía voy a hacer las compras en pantuflas.
Todavía escucho los gemidos de la del séptimo.
Todavía me cuesta sentarme a estudiar una semana antes del exámen.
Todavía hago cuentas matemáticas con los dedos de ambas manos.
Todavía te escucho y no te entiendo. No porque no quiera sino porque no puedo.
Todavía me deprimo los domingos, y algún que otro feriado.
Todavía tomo por tomar y fumo por fumar.
Todavía no puedo entenderle una sola palabra al coreano de enfrente.
Todavía escucho los consejos de mis viejos, por teléfono.
Todavía llego tarde y me voy temprano.
Todavía me cargan por usar los lentes de las tortugas ninja en mi niñez.
Todavía no aprendí a cocinar, ni a lavar, ni a limpiar.
Todavía puteo en voz alta cuando algo no sale como lo esperaba.
Todavía no entiendo el microondas.
Todavía me río de mis defectos, una y otra vez.
Todavía no creo en la política honesta, los productos milagrosos y las dietas mágicas.
Todavía no dejan de incomodarme los viajes en ascensor.
Todavía no saqué el carnet de conducir, pero me burlo de los que lo reprueban.
Todavía me aburren los monólogos y me entretienen los que escuchan.
Todavía me joden las actitudes de mierda, sobretodo cuando vienen de amigos.

Todavía no cambio. Todavía no evoluciono.
Todavía sigo siendo el mismo de siempre… gracias a Dios.

Carta abierta a la televisión argentina

Estimada caja boba:

Ya hemos hablado en numerosas oportunidades anteriormente pero debo reconocer que nunca te fui del todo sincero. ¡Qué mal te veo!... Completamente deteriorada, postrada en la terapia intensiva de un hospital sin poder recuperarte, intentando escapar compungida del terrible momento que te acosa, los nefastos personajes que te habitan, los malintencionados anuncios que te persiguen y los vacíos contenidos que se desnudan sugerentes ante los ilusos espectadores.

Vale aclarar que el triste hecho de estar hecha mierda no es pura y exclusivamente responsabilidad tuya, sos un simple instrumento que podría emitir dulces melodías pero que únicamente desafina y corrompe los oídos por culpa de los que intentan utilizarte sin saber nada del arte de la música.

No quiero que pienses que sólo pretendo criticarte cruelmente, bien sé que sos negocio en su estado más puro, -y la ganancia es lo único que importa en este tipo de casos- pero me jode el negocio fácil, la berretada simple y sencilla, el detrimento de la calidad en pos de un aumento ganancial, el ofrecer basuras consumibles y no hacer hincapié en programas más positivos (no hablo simplemente de los denominados “culturales”).

Las grasadas costumbristas de las 10 de la noche, los informativos morbosos a cualquier hora, los bizarros y banales de la tarde, el baile del caño, el chimento fácil, el doble sentido, la desprotección al menor, los comentarios pelotudos y los periodistas llenos de ‘gracia’ y faltos de ‘objetividad’… ¡Estás Enferma con mayúscula!, ¡Contaminada de bichos, larvas y gusanos!...

Si te comparamos con el resto de las televisiones del mundo, tu realidad dista ampliamente de ellas, claro que ninguna queda absolutamente exenta, todas comparten cuarto en el mismo hospital. El factor común: La salvaje búsqueda de audiencia. “¡Mostrá el culo!”, “¡Puteá en cámara!”, “¡Decí pelotudeces!”, “¡Filmale el chorro de sangre que le emana de la pierna!”…

Ojalá te recuperes, es un sincero deseo. Ojalá algún día los niveles de audiencia batan récords en programas auténticos y provechosos. Ojalá el negocio crezca a la par de la calidad. Ojalá puedas salir del pozo en el que esta sumida la mayoría de tu programación –salvando excepciones, claro-. Ojalá, ojalá, ojalá…

Te quiero...
(...VER bien)

Tu fiel seguidor y crítico,

Gonzalo de Lasa

Intensa vida, incierta muerte

‘Estirar la pata’, ‘hacerse fiambre’, ‘pasar a mejor vida’, ‘irse de gira’, ‘dormirse’, ‘yacer dos metros bajo tierra’, ‘caerse en el pozo’, ‘visitar a la parca’, ‘vestirse de negro’, ‘apagar las velas’, ‘guardarse en un cajón’, ‘jubilarse’, ‘viajar de ida’, ‘tomar un té con San Pedro’ y ‘jugar a la canasta face to face con Lucifer’… en cualquier momento y de cualquier modo, la muerte nos va a llegar a todos.

Todos alguna vez nos planteamos la llegada de nuestro fin. Los católicos creemos que hay vida eterna después del trámite, los ateos piensan que cuando llegue la hora nada serán ni sentirán, los budistas están convencidos de que se reencarnarán en una ballena austral o una mosca de baño público, algunos prefieren adelantar el hecho cobardemente y hay quienes simplemente, atinan a reírse del acto. Pero todos tienen un signo de pregunta tatuado a fuego en sus cabezas sin encontrar respuesta alguna.


La muerte suele ser el tema en la sobremesa familiar y las noches bajoneras con amigos. Nadie se atreve a emitir juicios sólidos, nadie cree tener la absoluta verdad, nadie se divierte hablando del incierto destino que a todos nos aguada.

El mensaje es simple “La vida no es un pasillo recto y fácil que recorremos libres y sin obstáculos, si no un laberinto lleno de pasadizos”. Disfrutemos de cada problema que se nos presenta como si fuese el último. Levantate todas las mañanas creyendo que es la última, abrazá con fuerzas, besá con ganas, puteá bien alto y nunca te rindas. En pocas palabras, viví intensamente.

Olvidate de la muerte que como bien dijimos, es totalmente incierta. Te puede llegar mañana, en un mes, a los cincuenta años, dormido en una cama de hospital u hoy mismo. Seas católico, judío, ateo, budista, loco, enfermo o suicida… no le tengas miedo. Si supiste vivir tu vida apasionadamente no hay nada de que escapar, todo llega.

Sería aburrido vivir eternamente.
Muy aburrido.
Demasiado.
Me da más miedo pensar en la triste inmortalidad. En algo que nunca cesa, que nunca frena, que nunca acaba…

Más leyes "de Lasa"

Continuamos en la búsqueda de verdades ciertas para la mayoría de los mortales (o no). Tiembla Murphy...

28) Más del 80% de lo que decís por MSN no tiene la más mínima relevancia.

29) La mayoría de los almanaques son obsoletos pero estéticos. Recién en julio te das cuenta que la página sigue en febrero.

30) Los bolsillos del jean de los chicos explotan en una salida: llaves, celular, documento, plata… ni hablar de los que fuman.

31) La cartera de las chicas también explota en una salida, sólo que la mayoría de lo que llevan, es completamente al pedo.

32) El que se copia bien en un examen, puede superar en nota al más ñoño de la clase (pero su ignorancia permanecerá intacta).

33) Chiche Gelblung tiene un complejo travesti.

34) Cuando barajes la posibilidad de que te hayan robado algo, te lo habrán robado.

35) Una vez que los artistas mueren, mucha gente se convierte en repentina seguidora del fiambre de turno, alegando serlo desde sus comienzos.

36) Siempre que el celular se te quede sin batería, estarás lejos de un cargador.

37) Todos se imaginaron, por lo menos una vez, a un/a profesor/a en la intimidad.

38) Tinky Winky era gay (su cartera roja y otros detalles son pruebas suficientes).

39) Si con las revistas femeninas se midiese la capacidad mental de una mujer, el resultado sería escalofriante.

40) Los fumadores, drogadictos, alcohólicos y consumidores de otros males se firman su propio certificado de defunción (de a pedacitos, claro)

41) Cuando tengas mucho tiempo para estudiar, lo perderás (todo) haciendo otra cosa.

42) Los taxistas hablan más que los políticos. Y dicen menos incoherencias.

43) El alcohol no ahoga las penas, sólo las sumerge momentáneamente.

44) Un doble cuarto de libra con queso y papas grandes se come más rápido que una manzana pequeña.

45) Los productos de Sprayette terminan costando el triple de su precio estándar.

46) Los locos dicen boludeces y al mismo tiempo, la verdad. Los vendedores no dicen la verdad, pero te enchufan boludeces innecesarias. Los irresponsables boludean sin encontrar la verdadera verdad. El INDEC falta a la verdad y nos toma por boludos.

47) Los ateos son menos cobardes frente a la muerte que los religiosos.

48) Los que más resaltan, menos entienden.

49) Cuando tengas sólo 10 minutos para hacer algo, lo terminarás antes que si tuvieses una amplia media hora.

50) Los que te roban sin necesidad, son cleptómanos. Los que te mienten sin necesidad, son mitómanos. Los que te escuchan sin necesidad, son verdaderos amigos.

Los "yomeamo"

Nadie manifestaría ser parte de este gran grupo en forma pública pero bien es sabido que todos poseemos rasgos y características ególatras, sin duda alguna. Ser ultimomentista, colgado y hasta opinólogo es snob e inofensivo, pero formar parte de los yomeamo tiene poco roce social y está muy mal visto ¿no?... ¡Hipócritas de mierda! Eso es lo que somos.

Les es imposible parar de mirarse el ombligo, embelezados con su vistoso cráter orgánico resultado del maravilloso parto que trajo al mundo sus tan necesitadas presencias. Son los que acopian en vitrina sus trofeos, los que destacan sus dotes en el habla y experiencia acumulada, los que cuentan los “10” (sin tener en cuenta las bajas notas, fruto de su verdadera realidad académica), los que mentalmente hacen una lista de sus logros y los que visten cualquier prenda, ya que a su criterio, todo les queda bien.


No suelen ser buena gente, más bien todo lo contrario: ventajeros, sobradores, malintencionados… Se autoconvencen de que son los mejores y eso trasmiten a sus pares. Tienen su “grupito adulador”: encargados de decirle lo bien que está, qué fresco tiene el cutis, qué cerebro brillante ostenta, qué bien huele y qué personalidad magnífica evidencia. Cabe destacar que el “grupito adulador” no tiene vida y está pendiente únicamente de los logros del yomeamo.

Harían lo imposible para tener el culo adelante y poder mirárselo de frente en el espejo. Y hablo de las mujeres nuevamente (las saco a colación seguido por temas poco agradables últimamente). No todas pero sí la gran mayoría. No lo exponen a las masas, pero se aman muchísimo más que los hombres, con una autoestima elevadísima y hasta envidiable. Veamos una típica conversación introspectiva de una yomeamo femenina:

Yomeamo femenina se dice a sí misma mirándose al espejo (Narcisa frustrada): ¡Qué bien que estoy, la verdad! Estoy buena, soy carismática, tengo el mejor novio, la mejor casa, la mejor vida… ¡Epa! Las mejores gomas también… recién lo noto, ¡que buen detalle! Yo sabía que me iban a crecer, no podía ser tan perfecta con una sola carencia. ¡Cómo me deben envidiar las chicas!, ¡ME ENCANTA!, ¡Cómo me desea el sexo masculino!... ¡Mirá lo que soy por favorrrrr!

Capaz que mide medio metro, con cara de pura nada, el novio es terrible nabo y tiene menos onda que pelo de taiwanés… pero ellas se autoconvencen solitas.

Los yomeamo van aumentando con el correr del tiempo. Algunos casos son Hitler, la yegüita K (sin establecer comparaciones odiosas), los miembros de la farándula (sin excepción alguna), las clásicas “divinas” (máximos exponentes del yomeamo en numerosas universidades) y la forra de mi vecina que no para de mirarse en el espejo del ascensor.

Son muchos y pueden ser más… pero nunca lo van a reconocer. Es una verdadera virtud amarse a sí mismo y señalar los puntos positivos que todos tenemos. Pero no está bueno irse al carajo y realizar una yomeamomanía en la que no hay ídolos ni íconos, no hay estrellas sino estrellados, no hay modelos ni ejemplos a seguir… más que el de uno mismo, claro.

Los 7 días capitales

MIERDUNES
Está lejos del Viernes y cerca del Domingo que padeciste. Es un día variable de acuerdo a las personalidades y la situación en que uno se encuentre. Puede que lo odies simplemente porque empieza la tediosa actividad o que decidas encararlo con todo: dieta estricta, estudio organizado, horarios prefijados, sueño planeado y pareja estable. Claro que todo se derrumba el día posterior, eso sí que nunca falla.

MÁRTENME
Sí, ¡Mátenme, bien matado! Sin dudas es el peor día de la semana. Algunos podrán discutirme que el Lunes lo supera, pero según hemos dicho, de acuerdo a cómo te lo tomes puede resultar positivo o desastrozo. En cambio del Martes no hay salida. Estás en el éxtasis de lo cotidiano, el climax laboral, el orgasmo rutinario del que nadie puede salir.

NI-ÉRCOLES
Es el típico “Día Ni”: ‘Ni’ muy cerca del Lunes, ‘Ni’ muy cerca del Viernes, ‘Ni’ divertido, ‘Ni’ sorprendente, ‘Ni’ especial, ‘Ni’ llamativo… Miércoles… la nada misma.

JUEVASOMA
Es la inocente cabecita del niño asomando del vientre de la madre primeriza. Es la sonrisa de la Mona Lisa (que a pesar de no mostrar los dientes, sabemos que está por largar la carcajada). Es el brote que reverdece después de la tormenta de granizo. Es el dulce amanecer que de a poco se deja descubrir o la punta del iceberg que se alza soberbia. Es la única esperanza… de llegar al Viernes.

BIEN-NES
¡BIEN! ¡BIEN! ¡¡Qué alegría, carajo!! Aunque aún no se hallan cumplido las obligaciones de ese día, se festeja de antemano. Se piensa durante toda la jornada qué se organizará esa misma noche (y la del día siguiente, claro). El viernes no se hace nada referido a la rutina, ¿Queda claro? El viernes no se estudia, se trabaja poco y se ordena mínimamente. El viernes se disfruta señores.

SAPUTO
Es el día más puto de todos. Te engaña, te endroga, te seduce, te dice al oído “hoy no hagas nada, mañana tenés todo el día”. Mucho cuidado con las propuestas del Sábado que lo único que quiere es que disfrutes el momento y te arruines la semana. Por supuesto que es un día para disfrutar al máximo, pero mirándolo de reojo y conociendo sus segundas intenciones…

DEPRIMINGO
Es el más cercano al lunes y el más distante del próximo viernes. Contiguo al glorioso sábado que tanto disfrutaste pero que ya es historia y no se repetirá hasta dentro de 6 tediosas e infinitas jornadas. El Domingo no avanza, no es productivo, no tiene cara de payaso ni de arduas responsabilidades. El Domingo aburre o no se empeña en que te diviertas (que para el caso es lo mismo). Hasta el Domingo más atareado es sinónimo de "desierto", "bostezo", "nostalgia", "resaca"...

¡SH! Estoy durmiendo (o debería estar...)

Desproporcionadamente retrepado en el inodoro, con los párpados a media asta y los ojos rojo escarlata, siendo las 9 de la mañana, comprendí la gravedad del asunto. Mi cabeza no respondía y consiguientemente ninguna parte del cuerpo. No había ingerido ni alcohol ni antidepresivos, simplemente estaba falto de sueño.

No suelo ser monotemático pero muchas veces el contenido de un texto sobrepasa lo anecdótico y se transforma en una problemática cotidiana. Así que me van a tener que escuchar porque vengo bastante cargado y mi psicólogo imaginario, al igual que muchas de mis neuronas, se ha quedado dormido.

“Si te acostás a las 10 de la noche, te levantás temprano y tu cabeza rinde mejor” me confesaba por teléfono mi madre en uno de esos ‘brillantes’ arrebatos de lógica. Interesante. Pero… ¿CÓMO CARAJO HAGO PARA ACOSTARME CON MI MEJOR CARA DE POKER A LAS 10 DE LA NOCHE SABIENDO QUE EL MESSENGER EXPLOTA, EL PRIMETIME OFRECE BASURAS MUY CONSUMIBLES Y LA NOCHE RECIÉN EMPIEZA?

¿Alguien me puede facilitar un sedante para caballos? Es automático: el reloj marca las 10 y el cerebro se activa repentinamente, los ruidos se agudizan, la tecnología transmite mínimos impulsos imperceptibles que me consumen, el teléfono suena incansable, el televisor grita mi nombre y espera ansioso mi llegada… Mientras ese compendio de distractores de sueño se burlan de mi incapacidad de hacer bien las cosas, los libros duermen plácidamente sobre el escritorio –ellos sí que no tienen problema alguno-.

Durante los días laborales los trastornos son entendibles –sobretodo con los “miércoles de lujuria” que manifiesta, entre sordos gimoteos y ordinarias expresiones, la del 7mo- pero ¿Tener que acostarme temprano un fin de semana? ¡No es normal! ¡No es lo que el común denominador hace!... Por más que tenga que estudiar para un final, parcial, comprobación de lectura o taller de crayones sobre tela, ¡no puedo acostarme temprano!

Creo no ser el único que se levanta estúpido de sueño y entiende apenas un 5% de lo que en verdad sucede. Creo no ser el único que no hace nada productivo a la noche pero decide pasarla en vela. Creo no ser el único que al otro día se lamenta por no haber dormido las 8 horas diarias correspondientes y por tener que estudiar, en un estado patético, lo que no comprendió durante la semana –por el mismo impedimento-.

Si alguien tiene pastillas de color azul, Increase Dreams Fast, fármacos dopadores, somníferos instantáneos o simplemente saben de algún curso de “cómo dejar de pelotudear a la hora exacta” háganlo saber.

Muchas Gracias.

Cansado

Estoy cansado de tener que esperar algo que nunca llega,
cansado de vivir luchando contra la misma marea.
Enojado es el adjetivo, o quizás harto… tal vez malhumorado
de tener siempre dudas y nunca certezas, simplemente cansado.

Cansado de escuchar siempre las mismas voces,
de caminar las mismas calles escapando hacia un único lado.
Cansado de la política de mierda y la fracasada oposición,
ya nada me conforma, ni siquiera una dulce canción.

La gente me pone estúpido.
Los medios de transporte me enferman la paciencia.
Los vecinos me rompen las pelotas.
Los monólogos me aburren.
Los libros no me motivan.
La televisión me da arcadas.
El cigarrillo me consume.
Y siento que la lógica tiene cada vez más sentido.

Estoy cansado de vos, de mí, de todos.
De tener que hablar cuando quiero callar,
de tener que reír cuando quiero llorar,
de tener que putear cuando quiero dormir.

¿Dónde está la solución?, ¿Quién tiene la cura?
No es cansancio de almohada ni de estudio,
ni de correr, ni de estar, ni de vivir.

Es un cansancio raro, lo sé.
Generalizado quizá
desacostumbrado
que no me deja dormir
desmotivado y malparido…

Simplemente eso… cansancio.