Reírse de uno mismo

Todos tropezamos. Todos fracasamos. Todos perdemos. Pero no todos somos capaces de reírnos de ello aceptando los errores y disfrutando, por más extraño que suene, el desafortunado momento. ¿Quién es capaz de adelantarse a las burlas de los demás y carcajear con el fallo propio? Sin miedo a equivocarme, les aseguro que es de las mejores terapias y de las más sanas.

¿Cuántas veces en un día de lluvia te patinaste, desplomándote en el suelo en presencia de un numeroso público de transeúntes? La actitud más común: te levantás como si nada hubiese pasado, poniendo tu mejor cara de poker y avanzás restándole importancia. Error. Sabes positivamente que tenes muchas ganas de reírte de lo atropellado y torpe que sos, simplemente hacelo, nadie te lo impide (de hecho te van a acompañar con las risas, de eso estate seguro).

Cuando alguien haga humor con vos, reíte con él. Aceptá que sos un soberbio de mierda o una loca desesperada. Reconocé que roncás todas las noches o que vivís pensando en él. Admití que caminas chueco, cantas desafinado, tenés un corte bala y te vestís para el culo. Reíte de todo eso y de mucho más. Todos bien sabemos que ninguno es perfecto… y vos no sos la excepción.


No me malinterpreten (odio tener que andar haciendo constantes aclaraciones a lo que digo por miedo a que los que todo lo cuestionan le busquen el rebusque al asunto). No digo que hagan todo mal, sean unos fracasados y atinen a reírse como último recurso, tampoco seamos pelotudos. Distingamos los errores de los que podemos burlarnos, de aquellos que debemos corregir con una seriedad implacable.

“Cuando uno es incapaz de reírse de sí mismo, ha llegado el momento de que los demás se rían de él” dice una famosa frase con una absoluta verdad. Ganales de mano y mofate de tus recurrentes manías y tus comportamientos vergonzosos. Te parte a la mitad el hecho que la mitad del mundo se ría de la otra mitad: no seas la mitad que se ríe de la mitad que no lo hace, sé la mitad de la que se ríen… sin duda alguna, la mitad más feliz.

Cuando aprendés a reírte de vos mismo, aprendés a conocerte más disfrutando el trayecto. Aprendés a tomarle el gusto a la vida gozando de un buen momento. Aprendés a ganar más minas también (un estudio realizado por científicos así lo demuestra). Por todas estás razones: seas como seas, tropieces, caigas o pierdas, tomátelo con humor… y con un suculento licor para acompañar, por qué no.

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