El bien-educado

¿Qué es lo que hace que una palabra sea buena o mala? ¿Quién es capaz de determinar el real sentido que un vocablo tiene? Las palabras pueden enfurecerte o sacarte una sonrisa, herirte o dejarte muerto, son capaces de expresar (en una mínima porción) lo que tu problemática cabeza grita y pueden ausentarse en el momento indicado.


Me declaro un asiduo usuario de las erróneamente denominadas “malas” palabras, con excepciones en determinados contextos, claro. E l significado de la palabra muchas veces se desvirtúa de modo inocente, y el “pajero” es el que está cansado y el “boludo” es el que no entiende y la “pendeja” es la que todavía no maduró. Sirven para darle ese énfasis irremplazable (no hay palabra “buena” que pueda crearlo del mismo modo). Seamos gráficos, así se entiende mejor:

Caso “malo”

- Pedrito: ¿Cómo te quedó el trabajo práctico de historia?
- Juancito: ¡Uhh! ¡Pero la re putísima madre que lo re mil parió, me pasa siempre lo mismo! Ah no… ¡Soy tremendo pelotudo! ¿Podés creer que me lo olvidé arriba de la cama?

Caso “bueno”

- Pedrito: ¿Cómo te quedó el trabajo práctico de historia?
- Juancito: ¡Ucha! ¡Pero esto no puede suceder tan seguido! ¡Qué tontolón y zanguango soy!... ¡Una marmota olvidadiza! ¿Podés creer que me lo olvidé arriba de la cama?

No dicen lo mismo, claramente. ¿Cuál exterioriza más el problema? ¿Cuál comunica de modo más eficaz? ¿Cuál me muestra en una verdadera aventura catártica? La puteada. Sí, la puteada, seamos realistas. ¿Quién no escuchó la famosa frase de Héctor Alterio en Caballos Salvajes?: “La puta, que vale la pena estar vivo”. No eligió ni “la pucha”, ni “la chucha”, ni la “ducha”… “LA PUTA”. Y la seguimos recordando como una frase liberadora y positiva, un verdadero canto a la vida.

Vamos a hacer las salvedades correspondientes para que no me crean un completo inmoral en contra de las buenas costumbres. Las “malas” palabras deben ser utilizadas en el lugar y momento indicado, con la persona adecuada y no debe ofender, bajo ningún punto de vista, al que la escucha. Que quede claro: no estoy a favor del insulto, sí de la puteada inofensiva y hasta cómica, que nos desata emocionalmente y nos absuelve de presiones.

No seamos boludos, estamos en el siglo XXI. ¡Dejémonos de joder con la ética barata y la decencia ficticia! Malas palabras son “hambre”, “droga”, “violador”, “corrupto”… Ésas son las que tenemos que erradicar del mundo. Ésas debemos borrar cuanto antes del diccionario, ni “mierda” ni “carajo”.

¡Diferenciar, gente! ¡Cómo nos cuesta diferenciar! Lo bueno de lo malo, lo importante de lo trivial, un vocablo inofensivo de uno que empobrece el alma, una palabra que expresa de una que no dice nada... Diferenciar… Para los moralistas de turno y los falsos defensores del habla: ¡Váyanse a cagar!... con respeto, siempre con respeto…

4 comentarios:

  1. zarpado hahaha. putear libera, debe ser la terapia más barata ever!

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  2. me hiciste cambiar de idea, aqune siemrpe se pueden evitar

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  3. Dicen qe putear elimina presiones, porqe no es lo mismo decir.. ay, qe maaal... a "la puta madre, me la mande, qe pelotudo"
    Además, una puteada bien puesta puede ser bastante grafica.. hasta comica !
    saludos che, me gusta lo qe escribis :)

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  4. Jajaja, me gustó mucho el final. Y lo de zanguango tmb XD
    Sos un salameee, zapallo!

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