Culo veo, culo quiero

¿Yo? Jamás; eso sí que no”… Aparte de envidiosos, mentirosos. Chiquita, ¿Me vas a negar que te morís de ganas de ponerte el último conjuntito de tu compañera de clase? ¿Y vos querido? ¿Cuántas veces soñaste con estar con la morocha que tiene el amigo de tu amigo? ¿Sos capaz de desmentir el hecho que alguna vez deseaste vehementemente poseer el bien ajeno, disfrutar el éxito y atesorar el aspecto de personalidad de algún relativo?

Por algo es considerado un miserable pecado capital. Y digo miserable porque el adjetivo “capital” no refiere a “pecado importante” sino a “pecado madre” que te lleva a cometer peores actos y pensamientos. La envidia la experimentamos todos, nadie está exento (aunque muchos juren nunca haberla padecido).


El típico caso es el de el/la flaco/a que hace todo, TODO bien…

- Es el alumno modelo en el colegio, el mejor promedio en la universidad o el empleado del mes.

- No sólo tiene éxito en la vida académica sino que también sale y se divierte, se hace tiempo para explotar la noche en compañía.

- También tiene a la rubia infartante que siempre deseaste (seguimos con la intertextualidad) o al chongo en el que no podés dejar de pensar.

- Su personalidad es única: simpático, amable, gracioso, medido… siempre tiene el comentario justo que le hace quedar bien delante de todos.

Lo odias. Le deseas lo peor (involuntariamente, claro). Querés que repruebe el final, lo despidan, le metan los cuernos, lo caguen a trompadas y lo pise un Scania (de los más viejos). Tu cabeza lo quiere destruir, literalmente. Claro que nunca vas a revelar estos ataques internos de envidia e ira, pero que los hay, los hay.

Las mujeres son las peores en estos asuntos (regla nro. 15). No en el grado de envidia, sino en las maldiciones que de modo inconsciente emiten. Son víboras con aquello que más les importa: ropa, pelo, novio, actitud… banalidades, por supuesto. Son las más peligrosas: cuando la envidia se acentúa, son capaces de actuar en contra de la “contrincante” de turno del modo más cruel que se puede imaginar (el hombre sólo se queda con el sentimiento reprimido).

Lo mío es envidia sana, admiro sus cualidades como persona e intento imitarlas” ¡¡DEJATE DE JODER!! ¡No tenés cara! Te morís de ganas de ascender y que el otro descienda, de triunfar y que el otro pierda, de tener, acumular, ganar… Reconocelo flaco, sos un envidioso de mierda. Ni hablar de vos, querida: lo tuyo no tiene cura.

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