Pinocho, un poroto (segunda parte)

Mentiroso arrepentido: Aprovecha el momento menos indicado para vomitarte duramente todos los engaños cometidos tiempo atrás.
Caso más recurrente: “Te quiero pedir perdón Paco: yo fui el que te robé el buzo de Hard Rock Chicago porque pensé que iba a quedarme re copado, ¿me perdonás?” (pero prestámelo unos días más que estoy levantando minas a lo loco haciendo de yankee)

Mentiroso irremediable: Miente, miente y sigue mintiendo. Es capaz de sostener un engaño a toda costa alucinando situaciones inexistentes o inventando hechos que nunca ocurrieron.
Caso más recurrente: - “Pedrito, te estas copiando” – “Le juro que no” – “Pero tenés un machete abajo en la cartuchera” – “No, no… yo no lo puse” –“Pero si es tu letra” – “No, no… es mentira, ¡me lo puso usted!”

Mentiroso hijo de puta: Cuando le descubrís el triste engaño, lo reconoce impunemente y lo alza altivo cual trofeo digno de mostrar.
Caso más recurrente: “Sí, yo estuve con tu novia ¿y? ¿Qué pasa?, ¿Tenés bronca ahora?, Te hubieses preocupado en el momento flaco…”

Seamos sinceros. Empecemos a ser francos y decir la verdad por más dura e hiriente que sea… a la larga te termina beneficiando. No me digas ‘cosas lindas’ que no pensas, no me ocultes lo que haces ni me lo confieses, un tiempo después, sin anestesia.

Mentirosos, eso es lo que somos: “¡Qué rico que está!”, “¡Qué bien te queda!”, “¿Yo? ¡Nunca!”… Pincho se nos caga de risa sentado cómodamente en un sillón. Pinocho se alegra de su situación al ver lo comprometida que está la nuestra. Pincho es un santo. Un verdadero santo… por lo menos él tenía un castigo: le crecía la nariz, todos se terminaban enterando y su mentira tenía un triste final. A diferencia nuestra, que en la mayoría de los casos, nos termina saliendo todo bien…

Pinocho, un poroto

Esta mañana, una chica me ofrecía como próximo tema del blog sus funestas experiencias amorosas con su anterior juguete. "Hablá del engaño y la mentira en las parejas..." me repetía mientras confesaba crudamente que, a su triste criterio, mis escritos habían reducido notoriamente la calidad. Podría pasarme horas hablando del fatídico desenlace con su ex pareja y de lo feliz que es ahora con su nueva chica… pero no me parece un tema adecuado para un viernes a la noche. Por otra parte, esperaré a que me narre de nuevo su desgraciada fortuna para plasmarla fielmente (ya que reconozco no haberla escuchado del todo).

Esta aburrida introducción nos lleva a una simple palabra que quedó repiqueteando en mi mente todo el día: “mentira”. Declaración realizada por alguien que cree o sospecha que es falsa o parcial, esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la realidad en forma parcial o total.

Ocultar la realidad… nos suena a todos ¿no? A TODOS, sin excepciones. Vivimos omitiendo, negando, escondiendo y escapando. La mentira es uno de los tantos instrumentos que utilizamos en los variados terrenos de la vida. Instrumento que algunos tocan con una destreza única, mientras otros desafinan hiriendo a todo aquel que lo rodea, convencidos de que están ejecutando la más dulce de las armonías.

La mentira piadosa es la mentira más mentirosa de todas. "Más vale una mentira que te haga feliz que una verdad que te haga llorar" Nadie es capaz de utilizar una herramienta nociva para un buen fin, en definitiva sigue siendo una triste mentira. No comparto “el fin justifica los medios” ni cualquier frase que intente argumentar un acto negativo en pos de uno considerado bueno. Dejémonos de explicar lo inexplicable y defendernos con denominaciones estúpidas.

Sin clasificaciones el artículo sería aburrido (y no se correspondería con el estilo pragmático utilizado hasta el momento). Veamos los tipos más comunes de calumniar:

- Mentiroso clásico: Lo hace de modo descarado y sin tener en cuenta las consecuencias. En la mayoría de los casos, terminan descubriéndolo.
Caso más recurrente: a las 7 de la mañana “Mamá ya te dije que estoy sobrio” (que ni se le ocurra hacerme preguntas rebuscadas, test de alcoholemia o el famoso ‘cuatro’ porque voy al muere)

- Mentiroso compasivo:
Suelen ser mujeres las que dan con este perfil. Saben que lo que te están diciendo es un terrible engaño, pero no se animan a decirte la cruda y real verdad por miedo a que te cause dolor.
Caso más recurrente: “Que bien te queda ese vestido, te hace más flaca” (aunque en el fondo sabés que si la ven los de Greenpeace la devuelven al mar 30 veces)

- Mentiroso cuerneador: Le oculta a su pareja de modo impune sus aventuras pasajeras cuando sale con amigos.
Caso más recurrente: “Amor, ya te dije que sólo tengo ojos para vos” (y para cualquier otra que me mire en una noche desenfrenada en la que no te tenga al lado y atine, como única solución, a olvidarme de tu presencia)

- Mentiroso cuerneado: Le miente a su pareja pero desconoce que la suya hace lo mismo.
Caso más recurrente: - “Amor, ya te dije que sólo tengo ojos para vos” – “Ya lo sé gordito, yo TAMBIÉN sólo tengo ojos para vos” (hijo de re mil puta ¿me crees pelotuda?, yo no pasaré por la puerta pero tus amigos son los más garcas del mundo… que feo eso de estar con la novia de tu amigo)


Continuará mañana. Hagamos economía de palabras... que tanta falta hace

El crimen de autoconvencerse

¿Quién es capaz de decirte exactamente lo que querés oír?... ¿Tus padres?, ¿Tus hijos?, ¿Tus amigos?, ¿Tus hermanos?... Ninguno de ellos. La única persona que puede expresar lo mismo que vos pensás es, de modo casual, la que piensa cabalmente como vos lo hacés, es decir, vos mismo.

Sos el único que puede decirse aquello que siempre esperaste que te dijeran. Sos el único apto para convencerte de algo que sabés no es cierto. Sos el único capaz de engañarte, influenciarte y mentirte. Y lo hacés con una maestría inigualable… pero lo más grave del asunto es que te lo crees.

Claro que también hay autoconvencimiento negativo, pero hoy sólo nos referiremos a los autoengaños "positivos" que, inicialmente simulan ser grandiosos, pero terminan desilucionándonos de golpe. Hay distintas clases de autoconvencimiento para los diferentes terrenos de la vida, los diálogos con tu propia mente te dicen lo que querés escuchar a cada momento. Véase:

Autoconvencimiento en el estudio (ultimomentistas):
- Vos: Estoy a dos días de rendir un examen
- Tu mente: ¿Cuál es el problema? ¡Estudiá mañana y listo! Hoy aprovecha a ver televisión y salir con amigos. Además llegás perfecto, no es muy difícil.
- Vos: ¿Seguro? ¿Y si me va mal?
- Tu mente: ¡No te va a ir mal, no digas pavadas! Aparte hay recuperatorio… ¡Ni te hagas drama!
- Vos: Es verdad

Autoconvencimiento en el amor:
- Vos: La flaca de adelante mío no me da ni la hora
- Tu mente: ¿Qué decís? Está muerta con vos
- Vos: ¿En serio? Pero si no me habla.
- Tu mente: No te habla porque la inhibís con tu presencia. Sos tremendo facha querido, sabélo… Empezá a creértela un poco más.
- Vos: Es verdad

Autoconvencimiento en el fracaso:

- Vos: Me fue muy mal en el oral, yo sabía que no tenía que ver televisión y salir con amigos…
- Tu mente: ¡Pero no te fue mal por eso! Todos estudiaron el último día y la mayoría desaprobó… ¡era muy difícil el examen!
- Vos: Es verdad

Autoconvencimiento en las cualidades y talentos:
- Vos: Siento que no sé hacer nada bien
- Tu mente: ¡Dejate de joder! Si cantas excelente, bailás como los dioses, sos el más simpático de todos y te adoran las multitudes…
- Vos: Mmm, puede ser…
- Tu mente: ¡Pero claro! ¡Sos la envidia de muchos! Tenés una personalidad única y características asombrosas. Cualquiera desearía estar en tu lugar.
- Vos: Es verdad

¡NO ES VERDAD!, ¡¡¡NO ES VERDAD!!! ¿Qué parte no entendés? ¡Dejá de mentirte pedazo de enfermo!: No llegas ni en pedo con el estudio, la de adelante no te tiene ganas, te va mal porque sos un vago de mierda, cantás y bailás como el orto y tu personalidad es deprimente… Dejá de creer lo contrario.

Para eso están los padres, los hijos, los amigos, los hermanos… para decirte pura y exclusivamente la VERDAD. Esa verdad de la que querés escapar pero sabés positivamente que nunca se va a ir. Esa verdad que tanto te duele pero termina gratificándote. Esa verdad que, si dependiese de tu cabeza color-de-rosa, nunca conocerías.

Reírse de uno mismo

Todos tropezamos. Todos fracasamos. Todos perdemos. Pero no todos somos capaces de reírnos de ello aceptando los errores y disfrutando, por más extraño que suene, el desafortunado momento. ¿Quién es capaz de adelantarse a las burlas de los demás y carcajear con el fallo propio? Sin miedo a equivocarme, les aseguro que es de las mejores terapias y de las más sanas.

¿Cuántas veces en un día de lluvia te patinaste, desplomándote en el suelo en presencia de un numeroso público de transeúntes? La actitud más común: te levantás como si nada hubiese pasado, poniendo tu mejor cara de poker y avanzás restándole importancia. Error. Sabes positivamente que tenes muchas ganas de reírte de lo atropellado y torpe que sos, simplemente hacelo, nadie te lo impide (de hecho te van a acompañar con las risas, de eso estate seguro).

Cuando alguien haga humor con vos, reíte con él. Aceptá que sos un soberbio de mierda o una loca desesperada. Reconocé que roncás todas las noches o que vivís pensando en él. Admití que caminas chueco, cantas desafinado, tenés un corte bala y te vestís para el culo. Reíte de todo eso y de mucho más. Todos bien sabemos que ninguno es perfecto… y vos no sos la excepción.


No me malinterpreten (odio tener que andar haciendo constantes aclaraciones a lo que digo por miedo a que los que todo lo cuestionan le busquen el rebusque al asunto). No digo que hagan todo mal, sean unos fracasados y atinen a reírse como último recurso, tampoco seamos pelotudos. Distingamos los errores de los que podemos burlarnos, de aquellos que debemos corregir con una seriedad implacable.

“Cuando uno es incapaz de reírse de sí mismo, ha llegado el momento de que los demás se rían de él” dice una famosa frase con una absoluta verdad. Ganales de mano y mofate de tus recurrentes manías y tus comportamientos vergonzosos. Te parte a la mitad el hecho que la mitad del mundo se ría de la otra mitad: no seas la mitad que se ríe de la mitad que no lo hace, sé la mitad de la que se ríen… sin duda alguna, la mitad más feliz.

Cuando aprendés a reírte de vos mismo, aprendés a conocerte más disfrutando el trayecto. Aprendés a tomarle el gusto a la vida gozando de un buen momento. Aprendés a ganar más minas también (un estudio realizado por científicos así lo demuestra). Por todas estás razones: seas como seas, tropieces, caigas o pierdas, tomátelo con humor… y con un suculento licor para acompañar, por qué no.

El bien-educado

¿Qué es lo que hace que una palabra sea buena o mala? ¿Quién es capaz de determinar el real sentido que un vocablo tiene? Las palabras pueden enfurecerte o sacarte una sonrisa, herirte o dejarte muerto, son capaces de expresar (en una mínima porción) lo que tu problemática cabeza grita y pueden ausentarse en el momento indicado.


Me declaro un asiduo usuario de las erróneamente denominadas “malas” palabras, con excepciones en determinados contextos, claro. E l significado de la palabra muchas veces se desvirtúa de modo inocente, y el “pajero” es el que está cansado y el “boludo” es el que no entiende y la “pendeja” es la que todavía no maduró. Sirven para darle ese énfasis irremplazable (no hay palabra “buena” que pueda crearlo del mismo modo). Seamos gráficos, así se entiende mejor:

Caso “malo”

- Pedrito: ¿Cómo te quedó el trabajo práctico de historia?
- Juancito: ¡Uhh! ¡Pero la re putísima madre que lo re mil parió, me pasa siempre lo mismo! Ah no… ¡Soy tremendo pelotudo! ¿Podés creer que me lo olvidé arriba de la cama?

Caso “bueno”

- Pedrito: ¿Cómo te quedó el trabajo práctico de historia?
- Juancito: ¡Ucha! ¡Pero esto no puede suceder tan seguido! ¡Qué tontolón y zanguango soy!... ¡Una marmota olvidadiza! ¿Podés creer que me lo olvidé arriba de la cama?

No dicen lo mismo, claramente. ¿Cuál exterioriza más el problema? ¿Cuál comunica de modo más eficaz? ¿Cuál me muestra en una verdadera aventura catártica? La puteada. Sí, la puteada, seamos realistas. ¿Quién no escuchó la famosa frase de Héctor Alterio en Caballos Salvajes?: “La puta, que vale la pena estar vivo”. No eligió ni “la pucha”, ni “la chucha”, ni la “ducha”… “LA PUTA”. Y la seguimos recordando como una frase liberadora y positiva, un verdadero canto a la vida.

Vamos a hacer las salvedades correspondientes para que no me crean un completo inmoral en contra de las buenas costumbres. Las “malas” palabras deben ser utilizadas en el lugar y momento indicado, con la persona adecuada y no debe ofender, bajo ningún punto de vista, al que la escucha. Que quede claro: no estoy a favor del insulto, sí de la puteada inofensiva y hasta cómica, que nos desata emocionalmente y nos absuelve de presiones.

No seamos boludos, estamos en el siglo XXI. ¡Dejémonos de joder con la ética barata y la decencia ficticia! Malas palabras son “hambre”, “droga”, “violador”, “corrupto”… Ésas son las que tenemos que erradicar del mundo. Ésas debemos borrar cuanto antes del diccionario, ni “mierda” ni “carajo”.

¡Diferenciar, gente! ¡Cómo nos cuesta diferenciar! Lo bueno de lo malo, lo importante de lo trivial, un vocablo inofensivo de uno que empobrece el alma, una palabra que expresa de una que no dice nada... Diferenciar… Para los moralistas de turno y los falsos defensores del habla: ¡Váyanse a cagar!... con respeto, siempre con respeto…

Culo veo, culo quiero

¿Yo? Jamás; eso sí que no”… Aparte de envidiosos, mentirosos. Chiquita, ¿Me vas a negar que te morís de ganas de ponerte el último conjuntito de tu compañera de clase? ¿Y vos querido? ¿Cuántas veces soñaste con estar con la morocha que tiene el amigo de tu amigo? ¿Sos capaz de desmentir el hecho que alguna vez deseaste vehementemente poseer el bien ajeno, disfrutar el éxito y atesorar el aspecto de personalidad de algún relativo?

Por algo es considerado un miserable pecado capital. Y digo miserable porque el adjetivo “capital” no refiere a “pecado importante” sino a “pecado madre” que te lleva a cometer peores actos y pensamientos. La envidia la experimentamos todos, nadie está exento (aunque muchos juren nunca haberla padecido).


El típico caso es el de el/la flaco/a que hace todo, TODO bien…

- Es el alumno modelo en el colegio, el mejor promedio en la universidad o el empleado del mes.

- No sólo tiene éxito en la vida académica sino que también sale y se divierte, se hace tiempo para explotar la noche en compañía.

- También tiene a la rubia infartante que siempre deseaste (seguimos con la intertextualidad) o al chongo en el que no podés dejar de pensar.

- Su personalidad es única: simpático, amable, gracioso, medido… siempre tiene el comentario justo que le hace quedar bien delante de todos.

Lo odias. Le deseas lo peor (involuntariamente, claro). Querés que repruebe el final, lo despidan, le metan los cuernos, lo caguen a trompadas y lo pise un Scania (de los más viejos). Tu cabeza lo quiere destruir, literalmente. Claro que nunca vas a revelar estos ataques internos de envidia e ira, pero que los hay, los hay.

Las mujeres son las peores en estos asuntos (regla nro. 15). No en el grado de envidia, sino en las maldiciones que de modo inconsciente emiten. Son víboras con aquello que más les importa: ropa, pelo, novio, actitud… banalidades, por supuesto. Son las más peligrosas: cuando la envidia se acentúa, son capaces de actuar en contra de la “contrincante” de turno del modo más cruel que se puede imaginar (el hombre sólo se queda con el sentimiento reprimido).

Lo mío es envidia sana, admiro sus cualidades como persona e intento imitarlas” ¡¡DEJATE DE JODER!! ¡No tenés cara! Te morís de ganas de ascender y que el otro descienda, de triunfar y que el otro pierda, de tener, acumular, ganar… Reconocelo flaco, sos un envidioso de mierda. Ni hablar de vos, querida: lo tuyo no tiene cura.

Maniáticos de mierda

Todos solemos realizar actos pelotudos de modo involuntario que satisfacen deseos vitales: algunos pasan desapercibidos y otros son extremadamente raros. Cada uno tiene sus propias manías, varias son inconfesables. También hay que reconocer que muchos compartimos este tipo de conductas y cuando encontramos al alma gemela que hace nuestras mismas boludeces, nos sentimos MUY a gusto... (de no padecer ningún trastorno o al menos, compartirlo).

Aquí van algunas de las manías incorregibles o conductas exrañas con las que lidio a diario, algunas ya las pude vencer...

1) Si el cuarto no está en perfecto orden, no me siento a estudiar (tal vez lo uso como excusa)

2) Odio ver destapados los shampoos, no así el dentífrico.

3) Cuando está Telenoche, suelo poner el televisor en mudo y "doblar" a Santo Biasatti.

4) Cuando estoy solo evito los espejos, siento que una figura se va a aparecer algún día.

5) De chico, dormía la siesta en la bañadera.

6) Entorno la puerta de modo que quede paralela a la cama y perpendicular al escritorio.

7) Cuando voy al campo, me paro delante del corral de las vacas, les digo pavadas y me río solo. Me causa mucha gracia ver a más de 60 animales mirándome fijo.

8) El volumen de la radio tiene que ser par (un clásico).

9) Realizo en voz alta las cuentas regresivas del microondas y la de reconexión del msn.

10) Me encanta asustar a los niños desconocidos haciéndoles caras.

11) Tengo como tic silbar entrecortadamente, sobretodo cuando voy al cine.

12) Antes de salir, cuando me pongo desodorante suelo agitarlo, darle una vuelta completa por los hombros y apuntar al espejo con el envase (como si estuviese en una publicidad de axe).

13) Cuando camino piso baldosa por medio, lo mismo sucede con las líneas.

14) Toco el botón de "cerrar puertas" en el ascensor y hago fuerza mentalemente para que suceda rápido. Siempre pienso que alguien va a entrar de golpe.

15) Cuando alquilo una película tengo un ritual de preparación: tapo con libros todas las lucecitas del dvd y el televisor, acomodo el sillón paralelo, dejo todo en forma simétrica para que no me distraiga la vista.

16) No pueden estar las dos cortinas de mi cuarto abiertas, una debe estar cerrada.

17) Cuando me pongo nervioso porque alguien me mira, digo palabras sin sentido a la persona que tengo al lado (para simular que estoy hablando algo). "Deresabechos" es una de ellas.

18) Cuando voy al supermercado, estrujo los envases de conitos y papas fritas.

19) Solía subir las escaleras de mi casa corriendo, imaginando que alguien me perseguía.

20) Cuando estoy solo, suelo leer el diario con voz de locutor.

21) Cuando jugaba al waka-waka en facebook, lo relataba como un partido de fútbol.

No es normal, lo sé. Pero todos tenemos alguna, en eso estamos de acuerdo. ¿Cuál es tu manía más patética? Aprendamos a reconocerlas y gritarlas en público sin miedo... Eso sí, bancate las carcajadas de los que la escuchen...

Los "colgados"

No hace falta ahondar en detalladas descripciones acerca de ellos. En estos tiempos son cada vez más numerosos y de público conocimiento. Los que se pierden, los que se olvidan, los que se desorientan, los que vuelan, los que nunca terminan de entender...

Cumplen un año de intenso amor con su pareja y se olvidan de preparar la sorpresa (no por falta de tiempo); nunca atienden en clase y divagan en mundos paralelos (sin la ayuda de drogas); no escuchan los que decís y no retienen lo que escribís (por más esfuerzo que hagan). No les cuesta, simplemente no pueden. Como en todo grupo hay distintos grados de colgadez, no a todos les sucede lo mismo. Véase:

Caso 1:
- Mariana: ¡Hola Juan! Qué bien la pasamos anoche ¿no? (risas tímidas)
- Colgado: Hola... ...Marcelita
- Mariana: ¿Marcelita? ¡Sos un hijo de puta, me llamo Marianita! ¡Estuvimos hablando TODA la noche! No podés ser tan forro...

Caso 2:
- Martín: Bueno boludo, ¿Qué querés que haga? No puedo salir hoy, quedé con mi gorda
- Colgado: ¿De qué gorda me hablas?
- Martín: ¿Vos sos pajero? Julieta
- Colgado: Acha... andas levantando gatos...
- Martín: ¡Es mi novia idiota! Hace 1 semana que estamos saliendo, ya te conté... ¿Tenés problemas?

Caso 3:
- Colgado: ¿Cómo anda mi mejor amigo hoy eh? ¿Que hiciste anoche querido?
- Pedro: Mejor amigo... ¡Fue mi cumpleaños embrión de forro!
- Colgado: ¿No era hoy?
- Pedro: No, hoy cumple tu novia.

Caso 4:
- Colgado: Disculpe señor, ¿falta mucho para llegar a Retiro?
- Colectivero: ¡Uh amigo!, ya lo pasamos hace más de una hora...
- Colgado: ¡La puta madre!
- Colectivero: Será la tuya

Caso 5:
- NERD: ¿Leíste lo de introducción?
- Colgado: No, no. Para hoy no había que leer nada
- NERD: Sí, la lectura 4, 5 y 6 del apunte nuevo; el libro fuc****; el inicio de capítulo del módulo anterior y repasar las consignas del tp...
- Colgado: ¿Dónde carajo estaba yo cuando dijeron todo eso?
- NERD: Volando... como siempre
- Colgado: ¿Por qué no te vas a cagar ñoña de mierda? ¡Tenés menos vida Agustina!
- NERD: Catalina me llamo...

Aprendamos a entenderlos, son limitados intelectuales por TODAS las cositas que en sus cabezas deambulan. Vale aclarar que son en su mayoría del sexo masculino... las mujeres tienden a ser más atentas y despiertas (no por eso más centradas claro). Ellas los padecen más que nadie... Sí querida, a vos te digo: tu chico no te responde el mensaje, ni te llama, ni se acuerda de tu cumpleaños, ni retiene lo que le decís... es un colgado, nada más.

Me gusta hablar en tercera persona y no hacerme cargo del tema, aunque también me reconozco parte del grupo. Nuestras muletillas suelen ser: "¿Qué?", "¿Eh?", "¿Qué pasó?", "¿Qué dijo?", "¿WTF?", etc. Gracias "atentos" por repetirnos una y mil veces lo que ya escuchamos. Gracias "despiertas" por querernos como somos. Gracias por situarnos cuando nos perdemos, por ubicarnos cuando viajamos, por explicarnos cuando no entendemos... Son una pieza muy importante en nuestras voladas vidas...

Muchísimas gracias orientados,
Los colgados