Historias en movimiento

Son tan solo segundos. Segundos que se detienen de golpe y nos susurran al oído. Segundos que narran historias y dejan fluir la imaginación. En los medios de transporte, el tiempo parece no pasar, la gente se detiene y pierde la mirada... buscando consuelo quizás o simplemente abandonada al destino que les aguarda cuando deban abandonarlo.

El subte se detiene. Se abren las puertas. Se produce el intercambio de alienados, una y otra vez. Sentado, contemplo a mis compañeros de ruta momentáneos así como ellos me contemplan a mi. A la izquierda una anciana reza el rosario, convencida de que el presente puede mejorar (ilusa dirán algunos. Yo no la juzgo). A mi derecha una madre adolescente, esas que me rompen el corazón y me producen la más dulce de las ternuras. Frente a mi asiento se sientan ellos, un humilde matrimonio discutiendo fuertemente sobre cuentas a pagar y gastos familiares... en el medio de la "feliz" pareja, un niño de unos 6 años escucha atento la conversación, convencido de que forma parte del aterrador mundo de los adultos (tal vez eso le hacen creer). Los sacrificados músicos suben en alguna estación y exteriorizan su arte, rogando a cambio, una pequeña contribución. Claro que nadie puede oírlos, tienen los oídos ocupados con aparatos tecnológicos... ¿y la colaboración?... ¿Quién es capaz de regalarle las tan necesitadas monedas? Ni hablar de papeles de valor... la crisis pega fuerte a todos. Al músico mucho más, por si no nos enteramos.



Los colectivos son un verdadero crisol de razas que confluyen, involuntariamente, en el mismo lugar. Allí las cosas son diferentes, constante movimiento, celulares que suenan, voces de colegas que coparten asiento, bocinazos recurrentes de conductores impacientes y las correspondientes puteadas del chofer de turno. También están los silencios y las pausas, las miradas fijas, el sueño que duerme a más de uno, los que aprovechan para comer y los que tararean, sin miedo al ridículo, el tema pasado de moda.

Si hay un buen transporte para cosechar anécdotas, es el taxi. Los tacheros se disfrazan de opinólogos y nos dan cátedra durante el trayecto. En la mayoría de los casos hicieron una brillante carrera pero terminaron conduciendo un coche a las 3 de la mañana... ¿extraño, no? Entretenidos como pocos, hablan ininterrumpidamente y no dejan meter bocado. Los hay malintencionados que mágicamente se pierden o les anda mal el cuentakilómetros. Pero también los hay generosos y compañeros, esos que saben escuchar a las desconsoladas mujeres después de una ruptura y aconsejar a los perdidos muchachos que poco entienden de la vida.

Por todas estas memorias, no me quiero detener. Quiero seguir andando en esos medios que me revelan secretos y comportamientos. Quiero que los segundos se detengan de golpe y me susurren al oído. Quiero que los segundos me narren historias y dejen fluir mi imaginación. Coincido con Coelho, quien decía que "el camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando"...

4 comentarios:

  1. Excelente compendio de boludeces cotidianas. Lástima que este análisis sistemático de nuestras rutinas y comportamientos no se focalice en desnudar, a partir de una fluída narración, el denigrante y egoísta camino que el hombre ha decidido transitar, a costa de convalidar y perpetuar los inexorables y permanentes conflictos sociales, económicos y medioambientales. Si te interesa intercambiar ideas, hacemelo saber

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  2. Buen resumen el tuyo!! Bien coloquial... jjaja
    Claro que sería un gusto intercambiar ideas!!!

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  3. Conozco a un taxista que de joven viajó por Europa como quiso, tuvo toda la guita y toda la experiencia, pero no supo mantener la herencia. Ahora apenas si puede manejar el taxi porque la diabetes lo está insensibilizando y no tiene para la dieta que necesita. Si viajás con él hacele caso, sabe de todo y sabe bien. ;)

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