Cuento: "El presagio"

Como poderosas fuerzas interiores sobre las que no se tiene control, los presentimientos se repetían incansablemente. Conjeturaba una y otra vez sobre el destino de su abuelo que yacía frente a sus ojos en una cama articulada de hospital. Su cabeza no dormía, no hallaba paz, no encontraba salida desde hacía un mes. El proceso de internación fue doloroso para toda la familia, aunque sabían desde hace tiempo, que el pilar fundamental del clan no andaba del todo bien.

Comenzó con dolores físicos que lo intranquilizaban pero no dejaban de ser auténtica muestra del paso de los años. Siguió con la pérdida progresiva de la memoria y otras capacidades mentales. Finalmente, como si todos supiesen que arribarían, los problemas cardíacos se manifestaron en el envejecido cuerpo y los tan temidos infartos se sucedieron con una crueldad imprevista. De un momento para otro, los Gutiérrez se encontraron haciendo guardia en la habitación 206 del Italiano. La rutina ordinaria familiar se vio interrumpida por este lamentable hecho que dio un inesperado giro en sus corrientes vidas.

El cambio más grande lo sufrió su nieta predilecta, sin dudas. Los presentimientos de un rumbo trágico la acosaban noche por medio. Una corazonada le confesaba una cercana fatalidad... una suerte más que evidente para su querido abuelo.

- Acompañalo esta noche, Juanita - le solicitaba entre sollozos y oraciones su madre - no le queda mucho tiempo.

Y así transcurrían los días y las noches para la jóven, sólo pensaba en él. Los recuerdos se le hacían presentes a cada momento y sus celestes ojos descansaban sobre el ajado rostro del anciano. Con sus suaves manos solía rozar sus grises cabellos y su dulce voz le susurraba, cada dos por tres, un tango al oído. A pesar de llevar el problema con entereza, los funestos presagios no cesaban y como gritos enérgicos la despertaban de sus pesadillas.

Una noche en sueños, lo vio todo. La adolescente construyó en imágenes el tétrico final de su abuelo. Imaginó el féretro desfilando frente a su desconsolada familia, las coronas de flores con mensajes compasivos, los avisos fúnebres que colmaban dos amplias carillas del diario local, el cielo gris plomo cómplice de lo sucedido...

Se sobresaltó al despertar. Con lágrimas en los ojos se levantó de la silla de espera y se acercó a la cama de su abuelo. Intuía que ésa era su última noche juntos, que no lo vería más. Se apresuró a acariciar sus cabellos y a cantarle un último tango, su preferido. Juanita estaba convencida de que el día posterior, a esa misma hora, estarían despidiendo a la persona que tantas satisfacciones les había dado...

Al día siguiente los hechos se sucedieron tal como los había pronosticado: el féretro desfiló por él parque de Descanse en paz, las coronas de flores llegaron de numerosas familias que expresaban su dolor en mensajes compasivos, el sector avisos fúnebres del diario local estuvo colmado durante una semana y el cielo gris plomo fue cómplice del trágico hecho... Pero el abuelo seguía recostado, en la 206 del Italiano, más vivo que nunca, rogando escuchar su tango preferido y recibir la caricia diaria de Juanita que, por el trágico y penoso accidente sufrido la noche anterior, nunca llegó.

2 comentarios:

  1. Excelente relato , prosa fina y llena de imágenes , hilas muy bien las palabras , haces de tus letras un hermoso tejido, no pierdes el ritmo y el tono es preciso , me gusta lo que escribes y como lo escribes .
    ¡ saludos !

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  2. Hola, Gonzalo...

    Muy buen relato, bien elaborado y finamente desarrollado con un final inesperado.

    Escribes muy bien, gracias por la visita,

    Saludos desde Colombia.

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